Siblia y Álvaro en la cima del Cañon del Delika

3 rutas ciclistas descubriendo las cascadas alrededor de Vitoria-Gasteiz

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Las cataratas seguramente estén entre los accidentes geográficos más atractivos que existen y es que siempre tuvieron algo de seductor, de remoto y de peligroso.

De pequeño me ponía a soñar despierto cuando escuchaba mencionar las cataratas del Niágara que descubrí leyendo una novela de Verne. En todas las historias se presentaban como lugares especiales y mágicos que esconden entradas a paraísos subterráneos o donde el personaje principal se encuentra al borde de la muerte, cayendo al vacío en su pequeña barquichuela.

Cascada Gújuli

Más tarde, viajando por el mundo cada vez que en el mapa veo un salto de agua, me siento fácilmente atraído y a menudo diseño la ruta para poder pasar por el lugar.

En Euskadi tenemos varias cascadas, así que aprovecharemos el clima lluvioso del invierno para cazar alguno de los saltos de agua más populares y disfrutarlos en su pleno esplendor, ya que durante el verano es habitual encontrarlos secos.

Silbia rumbo al Salto del Nervión

Las 3 rutas que os propongo se encuentran en parajes naturales repletos de sorpresas y rincones con encanto. Surcados por una extensa red de pequeñas carreteras, pistas y senderos, tanto la Montaña Alavesa, como el Parque Natural del Gorbea o el Cañón de Delika, se prestan a adaptar y rediseñar la ruta a tu gusto en komoot.

Las 3 rutas en bicicleta

CASCADA DE GÚJULI Y SALTO DEL NERVIÓN

  • Distancia total: 47 km (en este caso se realizó en tres días, incluyendo un intento interrumpido por la lluvia)
  • Elevación ganada: 1020 m
  • Elevación perdida: 1040 m
  • Duración: una jornada (en nuestro caso pernoctaremos en la sierra).
  • Dónde comer: la cervecera artesanal Baias es un buen lugar para reponer fuerzas durante el trayecto. En Orduña existe una amplia oferta de bares y restaurantes con menús del día.
  • Pernocta: La acampada libre está prohibida, por lo que monta tu tienda al atardecer y abandona el lugar temprano en la mañana. Si eres como hay que ser, deja todo como lo encontraste. Si molas y es posible, déjalo mejor de como lo encontraste. En nuestro caso, siempre que vamos al monte llevamos una bolsa en la que recogemos los plásticos que nos vamos topando.

EL NACIMIENTO DE GÚJULI

Cuenta la leyenda que un pastor al que sus padres llamaron Urjaizi (ur-agua jaizi-salto), descubrió a una hermosa mujer bañándose junto al río.
Baigorri, que en realidad era una Lamia (bruja o ninfa de la mitología vasca), sostenía un espejo mágico al que pidió un peine de oro que apareció de inmediato entre sus manos.

Al darse cuenta del increíble poder del espejo, Urjaizi decidió robarlo y salir corriendo. Desde aquel momento se convirtió en un hombre, no solo rico sino también avaricioso.

Tiempo después, se encontraba Urjaizi dormitando bajo un haya cuando escuchó una voz suave de mujer que le preguntó -¿Cómo te llamas?-
-“Urjaizi”- respondió este, mientras sostenía el espejo mágico entre sus manos.

Inmediatamente el hombre engañado por Baigorri comenzó a llorar, formando un gran charco que pronto se convirtió en río que terminó despeñándose por un barranco cercano. Todavía hoy, dicen escuchar el llanto de un hombre los días que el caudal de la cascada acrecienta.

EL MIRADOR DEL ÁRBOL

Mirador del árbol

Desde este impresionante y sin duda mágico salto de agua parte la ruta que os proponemos.

A pesar de los avisos de un frente acercándose desde el norte, el fin de semana estuvo precedido por unos pocos días de buen clima que nos dieron el impulso para salir. Poco nos duró el gozo, un par de horas después de comenzar a pedalear, las tormentas nos agarraron de pleno y nos hicieron abortar misión. De cualquier modo ese ratito lo aprovechamos bien.

La cascada de Gújuli tiene dos miradores. El “oficial”, perfectamente acondicionado y el Mirador del Árbol, que se encuentra atravesando las vías ferroviarias que cruzan el entorno.

Este último, está realmente muy expuesto. Junto al borde mejor dejarse de tonterías y presta atención a dónde pones los pies.

Las vistas son sobrecogedoras y la experiencia de asomarse a este abismo es especial y no apta para todos los públicos. Aquí más que nunca, actúa bajo tu responsabilidad. Si no lo ves claro o vas en familia, mejor visita el mirador equipado con vallas de seguridad al otro lado del cañón.

CERVEZA ARTESANAL BAIAS

Después de disfrutar un rato del aéreo mirador, dejamos la cascada y el pueblo de Gujuli-Ondona. Desde aquí podemos ir directos hacia el pueblo de Untza por carretera o pista. Nosotros dimos un pequeño rodeo hasta el caserío de la cervecera artesanal Baias en Oyardo.

Nuestro plan era picar algo y hacernos con un par de cervezas para esa noche de acampada. Por desgracia las restricciones Covid habían obligado a cerrar la hostelería, así que tuvimos que conformarnos con comprar dos botellines para llevar.

De cualquier manera, el local es un buen lugar para reponer fuerzas en su “Taproom”, realizar una cata o visitar la pequeña fábrica de cerveza.

Dejando Oyardo recorremos las pistas entre pastos y cultivos que nos llevarán hasta Untza. Silbia, mi compañera de rueda pedalea cantando animada y a mí me va a venir de maravilla una noche durmiendo al aire libre.

El mundo Covid, la oscuridad del invierno y la reclusión casera empieza a hacer mella y las ganas de volver a ser acunados en brazos de la tierra nos hacen obviar las primeras gotas que trae un fuerte viento. Premonición clarísima de tormenta.

Finalmente lo que parecía inevitable sucedió y tuvimos que regresar al coche con el rabo entre las piernas y calados hasta los huesos.

ASCENSO A LA CORNISA

Regresamos a Untza unas semanas más tarde, con las mismas ganas y la predicción de buen clima. Desde aquí, el camino pica para arriba y se convierte en un tramo un poco más técnico y pedregoso pero perfectamente asumible con un poco de pericia.

En la app de komoot llegamos a ver una senda paralela a la pista y decidimos acercarnos. La estrecha sendita, serpentea junto al cortado. En cierto punto, el borde se hace accesible gracias a un agujero en la alambrada que lo delimita.

Desde el balcón de hierba no puedo estar más contento. Con una visión completa del majestuoso cañon de Delika, el viento soplando con fuerza y el atardecer vistiendo el cielo de amarillos, rojos y morados. Corro de un lado a otro como un perro al que sacan a pasear. Gozando la sensación de apertura y libertad. Gozando de respirar sin mascarilla.

Vista del cañon Delika

ACUNADOS POR LA TIERRA

Según avanzas hacia el fondo del cañón, queda a la derecha un bosque de hayas, robles y otros árboles. Pensé que podía ser un buen lugar para protegerse del viento y pasar la noche, pero lo cierto es que no tiene prácticamente lugares planos y nosotros, ya a oscuras, tardamos un poco en encontrar el sitio “ideal”.

Silbia y Álvaro descansando bajo un árbol

Al día siguiente descubrimos que siguiendo la senda pegada al borde, se llega a una pequeña agrupación de árboles, perfectos para acampar con vistas del salto inmejorables.

Tienda de campaña iluminada

“Sentía la mejilla mecerse contra la esterilla, como cuando te duermes apoyado en el cristal de un vehículo en movimiento. El suave balanceo me despertó, pero estaba tan cansado de pedalear todo el día y el murmullo me pareció tan poco atemorizador, que me dejé mecer hasta quedarme de nuevo profundamente dormido”.

No necesitaba precisamente un temblor de tierra como el de aquella noche en la provincia de Cajamarca en Perú, pero volver a dormir en la tienda sintiendo la tierra como un nido, fue un reconfortante regalo después de tanto tiempo y más tras cenar al cobijo de una preciosa haya, brindando con las cervezas artesanales que teníamos esperando desde el primer intento.

EL CAUCE DEL NERVIÓN EN BICICLETA

El día amaneció con unas pocas nubes descargando chubascos, que dejamos pasar mientras desayunamos y empacamos el equipo.

De nuevo en la pista, enseguida se llega hasta el cauce del nacimiento del Nervión que desemboca en la cascada. No tuvimos la suerte de verlo con agua, pero esto te permite adentrarte sobre el lecho del río hasta el borde que se asoma a un vacío completamente vertiginoso.

Pararse de pie en medio del cauce, cerca del precipicio, provoca una sensación brutal, no en vano estaremos al borde de la cascada más alta de la península ibérica.

Silbia a la orilla del Salto del Nervión

MONTE TXARLAZO

Continuando el track verás que intentamos subir hasta el mirador de Ruben del otro lado del cañón. Pero en cierto momento la senda se convierte imposible para las bicicletas por lo que nos hizo dar la vuelta y subir hasta el puerto de Orduña por carretera. No sin antes visitar las loberas donde antaño se daba caza a estos animales.

Camino a la Virgen de Orduña

En el alto de Orduña, nace una pista de grava que nos llevará hasta el feo monumento de hormigón de la Virgen de Orduña en el monte Txarlazo. Y aunque el mastodonte de cemento no merezca la visita, las vistas desde esta cumbre sí y además nos queda en el camino de regreso a través del collado de Goldetxo, un portillo excavado en la roca por la mano del hombre.

La pista que desciende hasta Orduña baja a fuego haciendo zetas, así que te plantas enseguida en la villa. Desde aquí, “solo” queda subir el pequeño y agradable puerto de la Barrerilla para regresar al punto de inicio en Gújuli.

RUTA CICLISTA A LA CASCADA DE UGUNA

  • Distancia: 37 km
  • Elevación ganada: 670 m
  • Elevación perdida: 670m
  • Duración: una jornada
  • Dónde comer: la taberna frente al ayuntamiento de Ubide tiene una gran variedad de hamburguesas caseras y otros picoteos.

A la cascada de Uguna en bicicleta

El monte Gorbea y el parque natural que le rodea es uno de los espacios naturales más especiales del País Vasco. Montaña, bosques y tradiciones que conviven en armonía desde siempre.

En esta ocasión disfrutaré de esta ruta circular en solitario partiendo desde Murua.

CANTERAS DE MURUA

En un corto ascenso te plantas en el área recreativa de las antiguas canteras que están a rebosar de coches. Nada sorprendente con todo el mundo deseoso de naturaleza y aire libre. Además, desde este punto se inicia una de las vías más populares para ascender a la cumbre y el fin de semana venía acompañado de un sol que es puro alimento para el alma, especialmente por estas latitudes tan grises.

De cualquier modo, en unos pocos kilómetros me alejo del barullo y me encuentro descendiendo una pista preciosa y casi solitaria. Si no fuera por la batida de jabalíes, organizada por cazadores que entran con sus todoterrenos “hasta la cocina”.

Haciendo amigos en bicicleta

Enlazando pistas y caminos donde me pierdo un poco a propósito, se va atravesando bosques de haya, pinos y cedro hasta llegar al parking del famoso bosque de Otzarreta, donde me detendré al regreso.

SALDROPO

Pista de hormigón hacia Saldropo

Desde el parking inicia una pista de hormigón que no abandonaremos hasta llegar al área de Saldropo. Este tramo no tiene ninguna dificultad y puede ser una opción para recorrer en familia haciendo base en la popular área recreativa.

UGUNA

Desde el área de Saldropo, enseguida comenzaremos a descender por una empinada pista hacia el salto de agua. Rodeado de grandes Hayas Trasmochas y rocas uno tiene la sensación de estar metido en un cuento de hadas. Pero lo cierto es que durante todo el recorrido van apareciendo, uno tras otro, rincones con aura mágica.

BOSQUE DE OTZARRETA

Allá por el siglo XVI, la expropiación forzosa de árboles para la industria naval, llevó a los astutos locales a interrumpir el crecimiento vertical de las Hayas, con un corte que provocaba que estas se expandieran hacia los lados en forma de candelabro. Convirtiéndolas así en no útiles para la construcción de navíos.

Bosque Otzarreta

De este modo, no solo se salvaban los ejemplares de las ambiciones de la corona, sino que los árboles convenientemente podados producen más cantidad de madera para las necesidades de la comunidad. Como por ejemplo, la producción de las carboneras vegetales, habituales en la región.

Regresando sobre nuestras huellas regresamos al parking y bosque de Otzarreta, seguramente uno de los bosques más fotografiados del Gorbea. Su riachuelo trazando suaves eses entre Hayas Trasmochas centenarias es puro placer visual, especialmente en otoño.

De nuevo, enlazando un par de pistas se alcanza Ubide, un pueblo con bastante encanto donde reponer fuerzas en la taberna de la plaza del ayuntamiento. Desde aquí solo quedan unos pocos kilómetros hasta Murua a través de carreteras locales.

CASCADA DEL MOLINO DE OTEO

  • Distancia: 25 km
  • Elevación ganada: 470 m
  • Elevación perdida: 470m
  • Duración: 2h

Ruta ciclista a la Cascada del Molino de Oteo

La montaña Alavesa en el sur de la provincia es en comparación con otras regiones, bastante desconocida y deshabitada, lo que nos deja un buen número de pintorescas y tranquilas carreteras.

Zuriñe en carretera

Esta vez me acompaña Zuriñe, en lo que será su primera salida en bici de carretera. Como completa novata, la zona es perfecta para iniciarse en el ciclismo. No demasiado suave, no demasiado duro y sin apenas tráfico.

Saliendo de Antoñana y tras un corto repecho enseguida llegamos a la Cascada del Molino de Oteo. Puede que esta última cascada se vea eclipsada por la altura y espectacularidad del salto del Nervión, Gújuli o Uguna, pero el lugar tiene su encanto y sobre todo la pequeña carreterita es 100% disfrutona.

Ascendiendo al puerto de Arenaza-Sabando, el sol intermitente contrasta con los restos de la última nevada.

Desafortunadamente, una vez encumbramos, el cielo se cubrió de nubarrones que anunciaban de nuevo agua. La ventana de buen tiempo terminaba.

En este punto, el plan era girar hacia al este, rumbo al puerto de Opakua, pero dada la climatología decidimos tomar la dirección opuesta hacia Maestu y cerrar con una ruta circular bastante más corta.

Aunque de forma imprevista, el camino se pasa junto a la laguna de Arenaza, una pequeña gema escondida de la montaña Alavesa perfecta para darse un baño. Una lástima, porque estábamos a finales de diciembre.

Zuriñe cargando la bicicleta

Entre Maestu y Antoñana se circula durante unos pocos kilómetros por una pesada carretera con bastante tráfico, si es posible mejor evítala.

Paralela a esta, se encuentra la vía verde del Vasco Navarro, un carril bici de grava, en nuestro caso poco recomendable para una flaca calzada con un neumático de 23 mm.

Preparativos para estas rutas ciclistas

Silbia comiendo el lunch

Dos de las rutas que os proponemos (Gujuli-Salto del Nervión y Uguna) incluyen pistas de montaña sin poblaciones intermedias ni servicios.

Bicicleta: En las rutas de monte, evidentemente una BTT es ideal. Para la cascada del Molino de Oteo la ruta es tan asequible que cualquier bici es adecuada. Por mi parte me encanta la polivalencia de las bicis Gravel, y es por eso que la usaré para los 3 recorridos

Equipo: Alforjas o bolsas de bikepacking. Me encanta el ciclismo y la sensación de una bici ligera. Realmente disfruto mucho una configuración de bikepacking, pero la realidad es que no me parece demasiado práctica.

Para salidas de pocos días creo haber dado con mi fórmula ideal, una combinación de alforjas pequeñas que me proporcionan fácil acceso a la comida, ropa de calor etc + bolsas de bikepacking donde guardar aquellos elementos que uso menos, como herramientas o equipo de acampada.

Agua: Durante todos los recorridos que te proponemos, y dependiendo de la época del año y tu velocidad mantener en la reserva 1 o 2 litros no está de más. Recuerda que en Komoot tienes una función súper útil que te marca donde se encuentran las fuentes de agua potable más cercanas.

Comida: Especialmente en las rutas de monte se recomienda cargar algunos frutos secos o snacks.

Seguridad en la bicicleta: El casco es obligatorio en todas las carreteras de España. Como en cualquier salida en bici, lleva contigo las herramientas y recambios básicos. Un pequeño botiquín de emergencia no está de más.

Fotografía Álvaro Teixeira

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