León en mirador La Loma

3 rutas de bikepacking cerca de la CDMX

La fama de la Ciudad de México como megalópolis caótica es innegable, pero su localización es ideal para tener aventuras en amplios espacios naturales sin tener que ir lejos. Las rutas de bikepacking o de aventura son algo inesperadas para quienes están familiarizados con la gran urbe, sin embargo, a escasos kilómetros se vuelve otro mundo ideal para explorar.

La mayoría de los ciclistas de aventura que viven por aquí conocen el Desierto de los Leones y el Ajusco, pero hay mucho más que descubrir en la zona.

Las rutas que verás a continuación, recorren parte del Estado de México, Hidalgo y Morelos, tienen segmentos de terracería y asfalto. Pasan por rutas clásicas para los ciclistas de la ciudad y por algunas regiones naturales menos exploradas.

Ruta de los Centinelas

30% terracería

El Valle de los Centinelas se localiza en la región de los volcanes Iztaccíhuatl y Popocatépetl, a 16 kilómetros del centro de Amecameca de Juárez en el Estado de México y a una altitud de 3500 metros sobre el nivel del mar. Obtiene su nombre por la forma de los peñascos que rodean al valle, ya que a la distancia asemejan personas de pie custodiando al volcán Iztaccíhuatl.

Esta región de los volcanes posee una alta relevancia histórica y ecológica para todo México. La ruta te permite apreciar la belleza del paisaje de los volcanes, fuente de inspiración para diferentes culturas a lo largo de la historia. 

Lugares de interés

  • Mirador La Loma:  Se localiza en el kilómetro 35 de la carretera México-Oaxtepec. Se puede apreciar a la distancia a los volcanes Iztaccíhuatl y Popocatépetl. En el mirador hay un puesto de antojitos mexicanos, tienen una gran variedad de comida. 
  • Centro de Amecameca de Juárez: En el centro de Amecameca se encuentra un gran mercado donde te puedes abastecer de comida. También pasan autobuses que vienen desde la Ciudad de México, por si prefieres iniciar la ruta desde Amecameca. 
  • Valle de los Centinelas: Llanura rodeada de peñascos en las faldas del volcán Iztaccíhuatl. Tiene un arroyo para abastecerse de agua y es una buena opción para acampar libremente. 
  • Pulquería ‘Don Bici’: Pulquería tradicional en Santa Catarina de Ayotzingo.

Amecameca por La Loma

En esta ruta me acompañó mi amigo León, un experto en recorridos de ultradistancia y aventurero montañista, con quien me encontré en San Gregorio Atlapulco para comenzar la ruta. Aunque hay muchas formas de llegar a Amecameca, decidimos irnos por la ruta de La Loma, ya que es la ruta con menos tráfico.

Paola y León con sus bicis

Al llegar al mirador de La Loma, tras 1100 metros de ascenso y segmentos con viento en contra, nos sentamos un rato para apreciar la vista panorámica a los volcanes Iztaccíhuatl y Popocatépetl a lo lejos, mientras recargaba energía con un chocolate.

Continuamos nuestra travesía por un largo descenso de casi 20 kilómetros en una carretera muy tranquila pero con mucho viento hasta llegar a Juchitepec. A partir de este punto el camino es agradable y casi plano, pasamos por pequeñas localidades simpáticas. En esta ocasión decidimos no parar mucho, ya que nos esperaba un largo ascenso.

Luego de algunos kilómetros más, llegamos al centro de Amecameca pasando el mediodía. Aprovechamos para comer y comprar comida para la noche en el mercado junto a la iglesia principal.

Los Centinelas del Iztaccíhuatl

Salimos del centro de Amecameca por una calle que nos llevó a una terracería, donde comenzamos a ver vacas y pudimos apreciar una vista muy bella de los volcanes a lo lejos. 

Camino lodoso entre árboles

De repente, llegamos a un camino con lodo que nos dificultaba avanzar y conforme ascendíamos, la temperatura descendía, y encima de eso, los pinos bloqueaban los rayos del sol. Al cruzar algún arroyo aprovechábamos para rellenar nuestras botellas de agua y así seguimos un largo rato: avanzando un poco, deteniéndonos a recargar energía y reiniciando nuestro camino.

Dieron las 7 de la noche y logramos llegar al valle, fue una gran sensación de satisfacción la que sentí al llegar. Confieso que en momentos pensé que no llegaría. Desde que llegamos no vimos a nadie, por lo que decidimos dirigirnos a un arroyo que corre en el centro del valle.

Encontramos unas rocas amontonadas con leña ya acomodada, lista para la fogata. Aunque normalmente prefiero acampar en un lugar más cubierto, este lugar se veía tan cómodo y ya estábamos tan cansados, que no nos importó. Rápidamente, prendimos la fogata y nos dispusimos a preparar un café y una bien merecida cena.

La luna llena iluminaba todo el valle mientras platicábamos de nuestras experiencias viajando en otros países y de cómo viajar en bicicleta se ha convertido en parte importante de nuestras vidas. De repente, la lluvia nos interrumpió y nos obligó a guardar la comida e irnos a descansar a nuestras casas. Yo tenía un poco de miedo, ya que mi tienda de campaña es poco impermeable, por suerte no llovió fuerte y dormí seca.

De regreso a la ciudad 

La mañana fue muy fría, las nubes pasaban y llovía por ratos. Preparamos el desayuno casi hasta el mediodía. Al terminar de comer, comenzamos a recoger el campamento y a recolectar nuestra basura y la que habían dejado otras personas. Es sorprendente que en un lugar tan poco accesible, hubiera tanta basura. 

Desayuno en el Valle de los Centinelas

El descenso estuvo increíble, aunque no despegaba mis manos de los frenos porque sentía que agarraba demasiada velocidad. Algunas partes eran complicadas por la cantidad de rocas en el camino. Después de un par de caídas, finalmente descendimos en una hora lo que el día anterior nos tomó cinco horas subir.

En Amecameca tuvimos que rodear el centro, ya que en domingo los puestos del mercado bloquean las calles principales. Era una locura, había tráfico y gente por todas partes. Fue estresante.

La pregunta importante era ¿por dónde íbamos a regresar a la Ciudad de México? Yo ya no tenía fuerzas para regresar por La Loma, lo que significaba tener que ascender por Juchitepec. Por suerte, León propuso regresar por un camino de terracería que pasaba por una pulquería. Me sonó bien la idea.

Bici en terracería

Pulques Don Bici, bebida de los dioses

Emprendimos camino rumbo a Temamantla por una carretera pequeña, pero con muchos vehículos que al parecer iban a Chalco. Antes de llegar a Temamantla nos metimos por una terracería más tranquila, bordeada por casas y cultivos de maíz.

Después de unos kilómetros el camino de tierra terminó y llegamos a Santa Catarina de Ayotzingo. Nos perdimos un rato buscando los famosos pulques que había prometido León, pero finalmente llegamos gracias a las personas que nos dieron direcciones.

El lugar tiene un patio muy amplio, en un lado venden micheladas, en otro botanas y en la esquina, los famosos pulques de ‘Don Bici’. León pidió un pulque curado de avena y yo de mazapán, nos sentamos afuera del local a disfrutar de esta bebida de los dioses, mientras platicamos con un grupo de ciclistas, también disfrutando de sus pulques. Al terminar, volvimos a emprender nuestro camino rumbo a San Antonio Tecómitl por una pequeña carretera. 

Pulquería Don Bici

En Tecómitl me despedí de León y seguí mi camino al oriente de la Ciudad de México. El tráfico estaba horrible, por suerte encontré en el camino a los ciclistas que conocimos en los pulques y nos acompañamos un largo rato.

Lo que necesitas saber antes de realizar este recorrido

La bicicleta ideal: La ruta está pensada para hacerse en un fin de semana, el 30% del recorrido es en terracería, por lo que se recomienda rodados mayores a 35 mm de ancho y con tacos.

Clima: El clima de Amecameca es templado sub-húmedo, con lluvias de verano, su temperatura media anual es de 14 °C, sin embargo, en el valle el clima es frío, llegando a los 0 °C en los meses de invierno y 7 °C en temporada de calor.

Equipo: Recomiendo llevar varias capas de ropa, casa de campaña, bolsa de dormir, aislante térmico (para el suelo), linterna y una batería de respaldo para recargar tu celular o GPS. Puedes elegir entre bolsas de bikepacking o alforjas.

Alimento e hidratación: Al estar localizado en las faldas del Iztaccíhuatl, encontrarás varios arroyos que se alimentan de los escurrimientos del deshielo donde recargar agua, por lo que no es necesario cargar demasiada.

En cuanto a la comida, es recomendable llevar suficiente para la cena y el desayuno. Toma en cuenta que el último punto para reabastecerte es en Amecameca.

Dónde pasar la noche: En el valle no hay alojamiento, pero es posible la acampada libre. Recuerda llevarte tu basura, no dejar rastro.

Ruta a Tepoztlán por el Mar de Lava

45% terracería y roca volcánica

Tepoztlán es un ‘pueblo mágico’ localizado al norte del estado de Morelos, a 80 kilómetros al sur de la Ciudad de México. Es famoso por el Parque Nacional El Tepozteco, resultado de millones de años de erupciones volcánicas y terremotos, el cual forma parte del corredor biológico Ajusco-Chichinautzin.

Hay diferentes rutas para llegar desde la Ciudad de México, pero quizá la menos conocida y transitada es por los senderos del volcán Tulmiac y el Mar de Lava. Como podrás imaginarte, se trata de un segmento de roca volcánica que te introduce por el área de protección de flora y fauna del corredor biológico Ajusco-Chichinautzin.

Es una ruta retadora, pero bastante hermosa en donde pasarás por diversos tipos de vegetación como el bosque de coníferas, el bosque de encino y la selva baja caducifolia. 

Lugares de interés:

  • Ciclopista Ferrocarril de Cuernavaca: Ciclovía rural que fue construida en las antiguas vías del Ferrocarril México-Cuernavaca. Conecta a la Ciudad de México con la ciudad de Cuernavaca en el estado de Morelos.
  • Mirador Ciclopista Ajusco: Vista panorámica a la Ciudad de México.
  • Parres ‘El Guarda’: Es uno de los 12 pueblos originarios de Tlalpan. De camino a Tepoztlán será el último punto donde podrás reabastecerte de agua y comida. 
  • San Juan Tlacotenco: Localidad del municipio de Tepoztlán, con tiendas para reabastecerse después de salir de la ruta de senderos de la montaña. 
  • Tepoztlán: Pueblo mágico localizado en las faldas del Parque Nacional El Tepozteco, cuyo cerro principal tiene un centro ceremonial construido por los tepoztecas entre los años 1150 y 1350.
  • Mercado de Tepoztlán: Extenso mercado con comida prehispánica y antojitos.  Famoso por platillos como las tlaltequeadas (gorditas de pinole, alpiste y chía) y los itacates (elaborados con masa de maíz). 
  • Ekko hostel: Hostal y campamento cerca del centro de Tepoztlán.

Rumbo al Ajusco

En esta aventura me acompañó mi amigo Carlos. Estaba muy emocionado porque es un ciclista experimentado en ruta, pero era la primera vez que rodaba fuera del asfalto. Iniciamos ruta en la carretera Picacho-Ajusco para entrar a la ciclopista Ferrocarril de Cuernavaca (FFCC). Decidimos vernos en este punto para evitar la parte del mercado que se pone los fines de semana sobre la ciclopista, aunque nos tocó un pequeño segmento hasta la Estación Ciclovía Recreativa CDMX.

La inclinación promedio de la ciclopista es de 2%, con algunas partes con el 5%, en general un trayecto muy tranquilo. Íbamos a buen paso y llegamos como a eso de las 9 de la mañana a Parres, donde paramos un rato para tomar café de olla y pan de elote.

De aquí, comenzamos la ruta de terracería, que en realidad al principio es de puras rocas grandes, un poco complicado si tienes llantas delgadas. Ese primer tramo de los campos de papas y las rocas de la carretera que no era carretera fue muy lento. Lo bueno es que más adelante el camino se compone un poco, con tierra más compacta y rocas más pequeñas, lo que lo hace más fácil de rodar.

Escalamos hasta un punto donde se podía apreciar a lo lejos el volcán Tulmiac. Seguimos por un gran descenso y llegamos a unos cultivos que no pude distinguir de qué eran, solo era posible observar unas hojas verdes de una planta que nunca había visto.

El siguiente tramo es muy bello, con vistas del bosque y pequeños cultivos a la distancia, la tierra es compacta y nos permite ir rápido. De repente nos pasó un ciclista, quien lucía muy feliz de habernos encontrado. Nosotros también fuimos muy entusiastas al saludarlo y pensamos que al menos había otro loco por estos senderos. 

Conociendo a los animales del bosque

En un punto salieron diez perros corriendo hacia nosotros, me asusté un poco. Por fortuna, llegó un pastor, nos saludó y los perros se calmaron. Platicamos unos minutos con él y nos contó que tienen muchos perros pastores por esa zona para cuidar a sus animales, él estaba cuidando a 400 borregos. Cuando los perros sintieron que no representábamos amenaza alguna, se portaron lindos con nosotros. Finalmente, nos despedimos del pastor quien nos deseó un buen camino y nos advirtió que si pasábamos la noche por aquellos rumbos nos cuidáramos de los coyotes que salen en la noche.

Luego de un pequeño ascenso vimos un montón de vacas, algunas se asustaban al vernos pasar, otras nos miraban fijamente. Fue un poco extraño, pero decidimos bajarnos de las bicicletas para no molestarlas. 

Nos preparamos para lo que sería el último ascenso antes de la tan esperada bajada hasta Tepoztlán, no sabíamos qué esperar, pero nos confiamos un poco. Ya sentíamos que habíamos pasado la parte más difícil y menos rodable ¡Qué equivocados estábamos! 

Por el mar de lava

Comenzamos a subir por lo que parecía ser roca volcánica con mucho musgo, era muy resbaloso, así que comenzamos a empujar las bicicletas por un largo rato. De repente llegamos a un valle con pequeños volcanes alrededor y un camino donde se veían unas personas y sus caballos a la distancia. Tomamos el camino, sin embargo, al poco tiempo nos dimos cuenta de que por ahí no era el sendero que nos llevaría a Tepoztlán.

Regresamos y tomamos otro camino que subía, ni siquiera era un sendero, me sentía más bien en la selva. Marqué esa sección en el mapa como “la subida fea”. Básicamente, es una senda con lodo, roca volcánica y plantas crecidas. 

Este tramo fue algo confuso. Parecía que el sendero seguía por un lado, pero en el mapa indicaba que era por otro. Finalmente, encontramos una pequeña entrada de alambre guarda ganado. Abrimos la puerta, pasamos y después llegamos a una segunda puerta. La abrimos y seguimos avanzando.

Carlos abriendo el cerco de alambre

Logramos llegar a un sendero más rodable, bueno, más o menos porque había mucho lodo y rocas enormes todavía. En algunas partes tuvimos que bajar de las bicicletas, pero por lo menos podíamos seguir avanzando hasta llegar a una bajada por un camino de piedras y grava.

Sendero con lodo y piedras

Los dos últimos kilómetros fueron eternos. Cuando llegamos a San Juan Tlacotenco comenzamos a ver casas, gallinas, vacas y se sentía el cambio de temperatura. De repente, se sentía calor, había más carros y más movimiento. Tepoztlán es un pueblo mágico muy famoso, así que siempre está lleno de gente.

Llegamos a Tepoztlán al anochecer y Carlos y yo estábamos demasiado cansados como para turistear. Así que optamos por comer algo e irnos directo al hostal a descansar.

El mirador de La Pera

Al día siguiente, nos despertamos algo tarde, ordenamos rápidamente nuestras cosas y nos fuimos al centro de Tepoztlán a buscar algo para desayunar. En el mercado encontramos un lugar con comida prehispánica en donde comimos Itacates rellenos de setas y flor de calabaza. Además, probamos unas tortitas de semillas y otras de flor de cempasúchil. Después de comer nos dirigimos a San Juan Tlacotenco.

El ascenso fue brutal, me tomé mi tiempo y trataba de no pensar en lo que me faltaba. A veces la gente que nos veía nos echaba porras, también los pocos autos que pasaban tocaban su claxon para animarnos. Después de una hora de sufrir por la angosta carretera, llegamos a un camino de grava, que era la ruta al mirador de ‘La Pera’.

La inclinación de este segmento es de 2% en promedio, por lo que aumentamos la velocidad y como el camino era muy bello, nos dio un subidón de energía. No paramos hasta llegar al mirador. Nos quedamos un largo rato contemplando la vista a la carretera de cuota México-Cuernavaca y después seguimos rodando rumbo a Tres Marías sin parar. 

Regreso por la carretera libre México-Cuernavaca

En Tres Marías decidimos subirnos a la Carretera libre México-Cuernavaca, por ser una ruta más directa que la ciclopista y además evitaríamos así la sección de Fierro del Toro, en donde se han reportado algunos robos a ciclistas. Ya en la carretera aceleramos el paso para comenzar el descenso.

La jornada anterior había sido dura así que cuando logré ver el letrero de ‘Bienvenidos a la Ciudad de México’ mi alma descansó. Pocos minutos después llegamos nuevamente a Parres, en donde paramos por agua y a comer un dulce antes de comenzar el eterno descenso hacia la Ciudad de México.

Lo que necesitas saber antes de realizar el recorrido

La bicicleta ideal: La ruta está pensada para realizarse en un fin de semana, el 45% del recorrido es en terracería y algunos senderos de roca volcánica, por lo que se recomienda utilizar una bicicleta de montaña o una de gravel con rodado mayor a 38 mm de ancho. Hay segmentos en los que probablemente tengas que empujar la bici, en especial el último ascenso de 8 kilómetros entre roca volcánica y algunas partes de musgo. El descenso al poblado de San Juan Tlacotenco también tiene sus partes técnicas y hay mucha roca suelta.

Clima: En los alrededores de la zona del Ajusco y en Tepoztlán por las noches hace frío (puede llegar a -3 °C). El clima de Tepoztlán es cálido y templado, su temperatura media anual en Tepoztlán es 21 °C y la precipitación media anual es 599 mm. Durante la ruta estarás un largo rato por encima de los 3000 msnm así que no percibirás el calor de Tepoztlán hasta el final de la ruta. 

Equipo: Es recomendable llevar capas de ropa por la variación de temperatura que hay en la ruta. Puedes llevar bolsas estilo bikepacking o alforjas. El equipo básico que debes de llevar es una linterna y una batería de respaldo para recargar tu celular o GPS. 

Agua y comida: Mi recomendación es ir lo más ligero posible por la dificultad técnica de algunos senderos. Es importante que lleves agua, ya que no hay dónde reabastecerse a partir de Parres, por lo menos lleva de 3 a 4 litros de agua o electrolitos. También debes llevar comida para el camino, por lo menos bocadillos, ya que pasarás al menos 6 horas sin encontrar un lugar para comprar comida. 

Alojamiento: Nosotros nos quedamos en un hostal que también tiene un extenso patio que da al cerro del Tepozteco donde es posible acampar. También está la opción de no quedarse en Tepoztlán y regresar en autobús a la Ciudad de México, salen cada hora desde la terminal de Tepoztlán.

Seguridad: En la ruta vas a encontrar muchos perros pastores porque hay vacas y borregos pastando por el bosque. Si te ladran y te persiguen, lo mejor que puedes hacer es detenerte para demostrarles que no eres una amenaza. 

En el segmento del mirador Ajusco hasta la estación el Sifón de la Ciclopista Ferrocarril de Cuernavaca se han registrado algunos robos de bicicletas, recomiendo que en este tramo hagas pocas paradas y no hacer la ruta en solitario.

Ruta del Ferrocarril y el Pulque a Singuilucan

30% terracería

Esta ruta inicia en el municipio de Texcoco, Estado de México y sigue las vías del Ferrocarril Interoceánico hasta la carretera México-Tulancingo para finalizar en el municipio de Singuilucan en el estado de Hidalgo.

Finalizamos la jornada de ida en el rancho La Gaspareña en Singuilucan, región de vocación pulquera desde el año 1440. El maguey ha sido de gran importancia para la economía y alimentación en la región. 

Lugares de interés:

  • Centro de Texcoco: El centro de Texcoco tiene una amplia variedad de restaurantes y mercados donde te puedes abastecer de comida. Cerca del centro es donde te dejan los autobuses que vienen desde la Ciudad de México.
  • Estación de Ferrocarril de San Juan Teotihuacán: Antigua estación inaugurada en 1910.
  • Nopalcatepec: Municipio del Estado de México que colinda con el estado de Hidalgo. Hay tiendas para reabastecerte de comida y agua. 
  • Singuilucan: Municipio del estado de Hidalgo conocido por sus haciendas pulqueras. Hay tiendas, restaurantes y mercados para reabastecerte de comida y agua. 
  • Rancho La Gaspareña: Rancho pulquero en Singuilucan. Se dedican a la elaboración de productos derivados del maguey. Tienen espacio para acampar y próximamente cabañas. Les puedes contactar por medio de su página de facebook para cotizar: https://www.facebook.com/LaGasparena/ 

Por las vías del ferrocarril

En esta ruta me acompañaron Jim, Rich, José Luis y Oli. Después de desayunar unos deliciosos tamales, salimos de Texcoco a las 8 de la mañana y casi de inmediato comenzamos a seguir las vías del Ferrocarril Interoceánico.

Una gran parte de la ruta fue por el balasto de las líneas del tren conformado por grava gruesa. Para mí fue muy agradable, gracias a mis cubiertas anchas, pero definitivamente para bicicletas con llantas delgadas es una hazaña complicada.

En algunos tramos el sendero que seguíamos iba del lado derecho de las vías y de repente cambiaba al lado izquierdo, lo que nos obligaba a cargar las bicicletas de un lado al otro al cabo de ciertos kilómetros.

En algunos puntos hay cruces de arroyos y la única forma de hacerlo es por las vías del tren. Tendrás que subir tu bicicleta por el riel y cuidar que no se te caiga desde una altura considerable.  

El sol estaba a tope desde las 11 de la mañana, lo que nos obligaba a parar constantemente a tomar agua, comer algún bocadillo y platicar un rato. El fuerte sol hizo que me doliera la cabeza, pero decidí continuar el camino esperando que se me pasara.

Nopales y choyas

Junto a las vías del tren había muchas plantas nopaleras, algunas con tunas. En una de nuestras numerosas paradas, Rich y Jim decidieron cortar unas tunas con sus navajas, con poco éxito. Jim agarró su tuna con sus guantes y se le llenó de espinas, luego de que Rich le ayudará a sacarlas, tristemente se dieron cuenta de que las tunas no estaban maduras.

Jim cortando tunas

Continuamos la travesía y pasamos por las estaciones de ferrocarril de Teotihuacán, Otumba, Axapusco y Ometusco. A lo largo de este camino, nunca dejamos de ver nopales y también algunas choyas.

Casi al final de la jornada por terracería, muy cerca ya de la carretera a Tulancingo, notamos que las llantas de nuestras bicicletas tenían incrustadas decenas de espinas de choyas y nopales. Esa situación nos causó muchos problemas. Durante las próximas horas, tuvimos que hacer numerosas paradas para quitar espinas, cambiar y reparar cámaras. Fue muy cansado y tardado. Hasta pensamos seriamente en ir preparados con unas llantas tubeless para la próxima ocasión. 

Carretera México-Tulancingo

Avanzamos un rato sobre la carretera, hasta que se terminó el acotamiento y comenzó a oscurecer. En ese momento decidimos que sería más seguro irnos por unos caminos de tierra que estaban a un lado de la carretera. Y sí, era más seguro, pero también mucho más tardado debido al terreno irregular, rocoso, lodoso y tierroso.

A veces subíamos a la carretera para cruzar algunos entronques, bajando de nuevo cuando veíamos pasar enormes tráileres a alta velocidad. No es que no tengamos experiencia al andar en carretera, pero con el peso, la velocidad de los tráileres, la ausencia de acotamiento y la noche, parecía la receta perfecta para un accidente. Tratamos de mantener la calma haciendo bromas y no separándonos hasta encontrar un camino de tierra que aparecía en komoot.

Jim rodando al anochecer

Al salir de la carretera me despegué de los demás. No podía parar, estaba en ese punto en el que quería aprovechar las últimas energías que le quedaban a mi cuerpo, sentía mucha adrenalina. Además, estaba hambrienta. No habíamos comido nada más que botanas, frutos secos y chocolates que llevábamos para el camino. El plan original era llegar mucho más temprano. Seguí la ruta en mi GPS hasta el centro de Singuilucan, donde esperé a que llegaran los demás para irnos al rancho. 

Ascendimos unos 2 o 3 kilómetros a una loma por un camino de terracería en la oscuridad, yo ya sentía que no podía más, di mi último esfuerzo y vi la entrada del Rancho La Gaspareña. Sentí tanto alivio, ya eran casi las diez de la noche.

Cena en rancho La Gaspareña

Ya que nos reagrupamos, nos recibió el señor Rogelio y pasamos a cenar con él. Nos ofreció una cabaña muy simpática donde nos podíamos quedar. Estaba un poco alejada y había que empujar las bicicletas. Como ya estábamos molidos decidimos quedarnos a acampar afuera de su casa en una gran extensión de pasto. Nos puso una lona por si llovía. Pusimos nuestras casitas sin ganas, con frío y casi sin platicar. En pocos minutos todos estábamos listos para dormir.

Rancho pulquero

El frío nos despertó temprano a José Luis, a Rich y a mí, así que fuimos a pasear por los magueyes del rancho, era enorme. Nos siguieron como 10 perritos del señor Rogelio y jugamos con ellos un rato. También tuvimos oportunidad de ver al tlachiquero (persona encargada de extraer aguamiel) a la distancia.

Durante el desayuno platicamos más con el señor Rogelio. Nos habló de su lucha por mantener el pulque original y cómo en los últimos años ha crecido la industria del pulque diluido, o como él le llama artificial. También nos contó de las afectaciones que tienen los cultivos de maguey por el cambio climático y el acaparamiento de tierras que hay en la región. 

Terminamos de desayunar y nos pusimos a guardar nuestras cosas, después, el señor Rogelio nos llevó a conocer su tinacal (sitio donde se elabora el pulque). Nos enseñó el proceso de elaboración y sus tinas. Nos explicó que el pulque es una bebida viva que se debe de alimentar diariamente.

También nos mostró todos los productos que se pueden producir derivados del pulque: desde vinagre a jabones de ducha y nos dio a probar un destilado de pulque muy rico. Después de degustar un poco de pulque del tinacal, nos llevó a ver el maguey más grande del rancho, con su enorme flor que tardó más de 7 años en crecer. 

Finalmente, llegó el momento de despedirnos del señor Rogelio y de su familia. Salimos rumbo a la carretera México-Tulancingo y, ya en la carretera, nos dimos cuenta de que Jim estaba pinchado nuevamente.

Después de haber pasado gran parte de la mañana reparando pinchazos, Jim se desesperó y tomó una decisión muy triste. Ya era tarde y prefirió tomar un autobús para no retrasarnos. Oli se sumó a la decisión del autobús, nos despedimos con tristeza y seguimos con la ruta Rich, José Luis y yo.

De regreso a Texcoco

Al menos era de día y aunque de momentos el acotamiento desaparecía, nos fuimos por la orilla de la carretera, a paso “rutero” para aprovechar que teníamos viento a favor. Subimos los columpios que el día anterior se sintieron pesados, pero esta vez no se sintió nada. Por desgracia los pinchazos siguieron formando parte de nuestro regreso.

Durante toda la ruta paramos un par de veces a cambiar cámaras, a comprar un paste y suero. Eventualmente, apareció el acotamiento y pudimos ir más tranquilos. La carretera de Tulancingo no es horrible, pero muchos autos no dan distancia y puede llegar a ser estresante.

Ya faltando 17 kilómetros para llegar a Texcoco nos salimos de la carretera México-Tulancingo y nos metimos a una carretera rural pequeña, conocida como el camino a Belén. Subimos por el cerro de Las Bateas, no había carros, el ascenso fue muy agradable. El premio en la parte más alta fue ver las pirámides de Teotihuacán a la distancia. No pudimos hacer otra cosa que detenernos un rato para admirarlas. 

Finalmente, un poco más adelante llegamos al punto más alto y comenzamos felices el descenso de regreso a Texcoco.

Lo que debes de saber antes de realizar esta ruta

La bicicleta ideal: La ruta está pensada para hacerse en un fin de semana, casi el 30% del recorrido es en terracería, por lo que se recomiendan rodados mayores a 32 mm de ancho. El uso de llantas tubeless sería ideal, ya que hay cultivos de nopal en los primeros 30 kilómetros de la ruta y en el camino hay muchas espinas y es casi inevitable pinchar. 

Equipo: Puedes llevar bolsas estilo bikepacking o alforjas. El equipo básico que debes de llevar es una casa de campaña, bolsa de dormir, un aislante térmico (para el suelo), linterna, y una batería de respaldo para recargar tu celular o GPS. No olvides llevar una gorra y algún medicamento para el dolor de cabeza, por la tarde hace mucho sol y no hay muchos sitios para resguardarse. 

Agua y comida: A lo largo de la ruta pasarás por muchas localidades donde podrás reabastecerte de agua y comida, pero trata de llevar agua suficiente y algún bocadillo para aguantar, por lo menos, 20 kilómetros. 

Clima: En Singuilucan durante el día hace calor, pero por las noches baja dramáticamente la temperatura puede llegar a los 0 °C, es recomendable llevar varias capas de ropa. 

Alojamiento: En el rancho La Gaspareña hay sitio para acampar, también hay posadas y hoteles en el centro de Singuilucan. 

Dónde iniciar la ruta: Iniciamos la ruta en Texcoco, a 35 kilómetros de la Ciudad de México, puedes hacer esta ruta desde la ciudad tomando la carretera de cuota por el acotamiento. Sin embargo, en este trayecto siempre encontrarás tráfico pesado al salir de la ciudad. Si prefieres evitar este trayecto, al igual que nosotros, puedes tomar un camión directo al centro de Texcoco, salen cada hora. 

Fotografía Paola Jocelyn Berber Díaz

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