Tres amigos sentados frente a puerta

3 rutas en bicicleta para descubrir el románico catalán

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A menudo viajamos a grandes ciudades buscando edificios espectaculares, pero nos olvidamos de que cerca de casa y en los sitios más remotos y rurales, encontramos que la historia y la arquitectura van de la mano. No hace falta más que mirar en las principales guías de viaje de Cataluña para apreciar que hay una serie de joyas arquitectónicas que no aparecen en ellas.

El románico nace en Europa en pleno desarrollo del feudalismo, una época en la cual la sociedad se dividía en estamentos, entre los cuales los más importantes y con más poder eran la nobleza y el clero. Por otra parte, estaban los campesinos, artesanos y comerciantes, que cedían sus cosechas y propiedades al señor más poderoso a cambio de protección.

El arte románico surgió para satisfacer la demanda de los estamentos más privilegiados (reyes, alto clero, nobleza, etc.), y así poder mostrar públicamente su poder. Además, también sirvió como instrumento didáctico religioso debido al analfabetismo de la inmensa mayoría de la población, que a través de las representaciones pictóricas y las imágenes talladas podían aprender el cristianismo.

A partir del siglo XI, un grupo de canteros y maestros trashumantes llegaron a Cataluña procedentes del norte de Italia para construir una serie de castillos, iglesias y monasterios que formarían un estilo propio diferenciado del resto de Europa, el románico catalán.

Valle en Vall de Boi

Uno de los aspectos más impresionantes del románico catalán, es la localización de estas joyas arquitectónicas, que no solo se pueden encontrar en las principales ciudades y capitales catalanas, sino que también podemos encontrar iglesias, monasterios o ermitas en los sitios más remotos y rurales de Cataluña. Una buena forma de explorar estos sitios y poder apreciarlos aún más (debido al esfuerzo que conlleva) es a dos ruedas.

Ruta románica con vista al mar

Cadaqués es un pueblo de visita casi obligada cuando se está de paso en Cataluña. El hecho de estar incomunicado por tierra hasta finales del siglo XX, y solo poder acceder a través del mar, hizo que conservara sus tradiciones pesqueras, edificios e incluso un lenguaje propio de esta zona, “el salat”. No podemos dejar de hablar de Cadaqués sin mencionar su indiscutible embajador, Salvador Dalí, cuya casa se puede visitar en Portlligat.

Salimos de Cadaqués por un camino pedregoso y en subida, acompañados por un viento constante y que tiene nombre propio, la tramuntana. Al haber ganado altura, ya podemos observar una de las mejores panorámicas que tendremos durante la ruta.

Nos desviamos un momento para visitar un pequeño dolmen llamado “El dolmen dels encantats”, tumbas formadas por grandes piedras que datan del 2000-4000 a.C. Nos encontramos ante un paisaje seco y rocoso, que se alterna con tramos de prados verdes donde pastan vacas y caballos, ¡la ganadería aún se practica en estas tierras peinadas por la tramuntana!

Volvemos a pedalear, pero esta vez en bajada hasta llegar a un desvío en el que tomaremos un camino entre paredes de piedra seca (construcción típica resultante de quitar la piedra del interior de los campos y que acaba tomando la función de determinar los límites de la propiedad). Empezamos a descender por un sendero trialero y muy técnico que nos llevará hasta Port de la Selva.

Ruta ciclista con bardas antiguas

Hacemos una pequeña parada en Port de la Selva, observando sus magníficas vistas desde el extremo de la playa que enlaza con la carretera que nos llevará hasta el Monestir de Sant Pere de Rodes, nuestro objetivo en esta ruta. Antes de empezar a subir, respiramos hondo y nos preparamos mentalmente para una ascensión constante, pero que tendrá su recompensa.

Ciclista observando el paisaje

Poco a poco, vamos avanzando por el asfalto acompañados de unas sensacionales vistas al mediterráneo. Tras algunas curvas pronunciadas y bastante desnivel acumulado, vamos divisando el monasterio que, tras unos 7 km, ya es nuestro.

El monasterio de Sant Pere de Rodes se construyó entre los siglos X y XI para proteger las reliquias de San Pedro y para albergar monjes benedictinos. Este edificio está marcado por una serie de leyendas sobre su posible origen y el descubrimiento de varios tesoros que hacen de este monasterio un lugar mágico con unas privilegiadas vistas al mar.

Descendemos por la misma carretera hasta el Port de la Selva. Dependiendo de las prisas, podemos hacer una visita al puerto, sus calles y recuperar fuerzas, si se quiere, con un buen avituallamiento en cualquiera de los bares o restaurantes que hay en el pueblo.

Vista de Cadaqués

Saliendo de Port de la Selva, tomaremos el antiguo camino de Cadaqués, su primera mitad no tiene especial dificultad, más allá de la subida. Una vez llegado al punto más alto entre Puig dels Bufadors y el Puig de l’Infern, iniciaremos un descenso por un single track roto y pedregoso que nos obligará a bajar de la bicicleta. A medida que vamos avanzando por el eterno camino debido a su dificultad, vamos viendo cómo parece que se va acercando cada vez más el punto desde donde partimos y nuestro destino final, Cadaqués.

Ruta de las 6 ermitas

Una de las comarcas de Cataluña que presenta mayor número de estructuras románicas es la Garrotxa. Las iglesias, ermitas y capillas que quedan actualmente son solo una pequeña muestra del total de edificaciones de la época medieval, ya que a lo largo del tiempo, y sobre todo debido a fuertes terremotos, se destruyeron muchas edificaciones.

En concreto, dentro de la Garrotxa, la zona con mayor densidad de vestigios románicos es la Alta Garrotxa, situada en el Prepirineo más oriental. Una vez empiezas a explorar este territorio, es difícil imaginarse cómo construyeron tantas edificaciones en sitios tan abruptos y poco transitables debido al desnivel y a la cantidad de vegetación de la zona.

Empezamos el itinerario desde la iglesia románica de Santa Cecília de Sadernes, donde encontramos un pequeño aparcamiento, un camping y un restaurante. Desde este punto, deshacemos un pequeño tramo de carretera hasta llegar al río Llierca y subimos por una pista que nos llevará a través de una serie de masías. En este tramo, es probable que nos vayamos encontrando vallas o puertas eléctricas para delimitar la zona de ganado. Poco a poco, vamos ganando altitud y mejorando las vistas, ya que cada nuevo paisaje es diferente al anterior.

Después de una pendiente considerable nos encontramos la segunda ermita, la Iglesia de Sant Grau d’Entreperes, datada del siglo XII. Descansamos en un pequeño prado al lado de la iglesia y recobramos fuerzas para continuar con la subida hasta llegar a una de las iglesias más bonitas de la ruta, la Iglesia de Sant Andreu de Guitarriu.

En este caso, podemos visitar el interior y comprobar el mal estado de muchas de las edificaciones de esta zona. Es un buen momento para reflexionar sobre la importancia de preservar nuestra historia, nuestro patrimonio y de cuidar y ser respetuoso con cada una de las piedras y detalles que fueron colocados en el siglo XI y que debemos conservar para enseñar parte de nuestra cultura a las generaciones posteriores.

Ciclista disfrutando con su perro

Continuamos el trayecto hacia la siguiente ermita, Sant Miquel de Bassegoda, situado en el municipio de Bassegoda, prácticamente deshabitado. Entre casas en ruinas y pasturas de vacas se levanta el campanario, de claro estilo románico. Nos queda una última subida entre bosques de pinos y a las faldas de la montaña del Bassegoda.

Si quieres añadirle un plus a la ruta, puedes dejar la bici en algún punto escondido y coronar la cima de esta icónica montaña. En nuestro caso, preferimos continuar y seguir explorando más iglesias. Seguimos la pista forestal, ahora de bajada, pero justo cuando empieza a ponerse divertida, nos desviamos por un camino más estrecho y técnico para poder encontrar la quinta iglesia, Mare de Déu de les Agulles.

Hasta hace pocos años, en esta iglesia era tradición clavar agujas en los vestidos de la imagen que se veneraba debido a que se consideraba miraculosa y capaz de conceder los mayores deseos.

Continuamos hacia la última iglesia, Sant Feliu de Riu. Para llegar debes desviarte dos minutos del camino principal, pero vale la pena debido a la belleza de esta y a los trabajos decorativos de la puerta, que son originales de la época románica.

Antigua puerta de madera

Volvemos al camino, solo nos queda una bajada pronunciada acompañada por unas magníficas vistas a las pozas del río Llierca, un sitio perfecto para hacer un chapuzón tras una ruta intensa. Volvemos sobre ruedas y pasamos al lado de paredes de piedra repletas de escaladores, sus voces desde lo más alto nos acompañan hasta el destino final del itinerario, Sadernes.

La guinda en el pastel – Iglesia de Sant Climent de Taüll

Hablar de románico catalán sin mencionar el conjunto románico de la Vall de Boí en los Pirineos, es casi un delito. En un solo valle se encuentran 9 iglesias románicas consideradas como patrimonio mundial de la humanidad, y entre las cuales encontramos “la joya de la corona”, la Iglesia de Sant Climent de Taüll.

Ciclista admirando iglesia románica

Una de las características de este conjunto románico son las pinturas que albergaban, que por razones de conservación se exponen en el Museo Nacional de Arte Contemporáneo de Barcelona (MNAC). Concretamente en la iglesia de Sant Climent de Taüll se encontraba una de las imágenes pictóricas más utilizadas para ilustrar el románico en esta zona, el Crist en Majestat. Actualmente, podemos hacer una visita al interior que nos permite ver con una novedosa técnica de vídeo-mapping (proyección en las paredes de la iglesia), cómo era la iglesia en el siglo XII.

Iniciamos la ruta desde el aparcamiento situado justo al lado de la iglesia. Cruzamos el pueblo de Taüll y seguimos una pista boscosa que resigue el río hasta encontrar la carretera que sube hasta las pistas de esquí de Boí Taüll. Una vez dejamos la zona boscosa, nos adentramos por un camino rodeado de vegetación arbustiva que en primavera se tiñe de un marcado color amarillo gracias a la floración de las ginestas. La subida es constante y suave, pero lo que realmente complica la pedalada es que el trayecto transcurre encima de un manto de hierba y un terreno blando que hace que avanzar sea más difícil de lo normal.

Tras mucho esfuerzo, llegamos a las pistas de esquí de Boí Taüll, en las cuales podemos observar los estanques de agua que sirven como reserva para los cañones de nieve en invierno. Remontamos por una pista en buen estado hasta una de las cafeterías de la pista (cerrada fuera de la temporada de esquí). Es un buen punto para descansar y retomar fuerzas para lo que queda de subida.

disfrutando de los paisajes de Vall de Boi

Observando el esfuerzo que nos espera, pensamos lo fácil que sería ir en telesilla hasta la cima (si estuvieran en funcionamiento), pero rápidamente llegamos a la conclusión que seguramente las vistas no serían tan impresionantes si no nos esforzamos. Nos toca subir pedaleando para obtener la mejor recompensa. Una vez encima de la bici, nos damos cuenta de que ascender por pistas rojas y negras no es tan fácil como pensábamos, son ascensos repletos de piedras y con pendientes muy pronunciadas. Aun así, la subida se hace más amena, ya que nos acompañan un rato los chillidos y las curiosas miradas de un grupo de marmotas.

Ruta de montaña en Vall de Boi

A medida que vamos ganando altitud, nos vamos encontrando más zonas de nieve que aún queda del invierno y cruzamos una serie de pequeños ríos de agua del deshielo. El último remontador telesilla cada vez está más cerca, y aunque se acentúa mucho más la pendiente, nos indica que nos estamos aproximando a la esperada cima. Los últimos metros de subida nos obligan a empujar la bici y se hacen eternos, pero finalmente llegamos a la cumbre de la montaña de Puig Falcó, situada a 2757 metros de altitud.

Nieve derritiéndose en Vall de Boi

Y efectivamente, las vistas desde aquí recompensan todo el esfuerzo. Ya solo nos queda retomar el camino de bajada. Bajar por las pistas de esquí es un auténtico disfrute, casi tan divertido como esquiar en invierno. Ganar velocidad y a la vez contemplar las vistas entre los Pirineos es impresionante. Casi no nos damos cuenta y ya estamos otra vez en el cruce con la carretera de bajada hasta la población desde donde hemos empezado esta fenomenal ruta.

Ascenso rocoso en Vall de Boi

La bicicleta adecuada para estas rutas

Ciclista atravesando arroyo de deshielo

Para las 3 rutas diseñadas, recomendamos llevar una bicicleta mtb, ya que hay tramos que son técnicos y pedregosos. Si llevas una bicicleta de doble suspensión lo agradecerás por las bajadas técnicas, pero si tienes una bicicleta rígida, será suficiente.

La mejor época para ir

La ruta de Cadaqués y Alta Garrotxa se pueden realizar durante todo el año, pero si se puede evitar el verano, mejor, ya que son dos zonas que en esta época suelen ser muy calurosas y secas. La primavera es una de las mejores estaciones para ir a estas dos zonas, ya que así se podrán apreciar los colores de la floración.

Vistas desde lo alto en Vall de Boi

En la ruta de la Vall de Boí, es mejor hacerla entre junio y octubre, ya que al ser alta montaña es probable que encontremos nieve fuera de estos meses.

Preparativos

Paisaje verde en Vall de Boi

Aunque los tres trayectos parten desde pueblos donde poder comprar la comida y bebida suficiente para las aventuras, recomendamos llevar siempre un par de botellines de agua en todas ellas, ya que no hay puntos de agua durante las rutas.

En nuestro caso, siempre llevamos la bolsa de bikepacking del sillín para poder llevar la comida necesaria, ropa de abrigo e impermeable. Esto es especialmente recomendable para la ruta de Vall de Boí, ya que en la montaña las condiciones meteorológicas pueden cambiar mucho durante el día.

Asegurarse de tener bien cargados los tracks a tu dispositivo es esencial, recomendamos contar con una alternativa aparte del gps: disponer de cartografía offline en tu teléfono móvil o conseguir un mapa en papel de la zona.

Además, siempre es aconsejable llevar un neumático de recambio y herramientas básicas, ya que el terreno suele tener vegetación seca y es probable que se sufran pinchazos.

Fotografía Xavier Florensa

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