Álvaro en la Montaña Palentina

Ruta en bicicleta por la Montaña Palentina

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Alaska 2013

Las 24 horas de luz del verano se colaba a través de las capas de nilón de la tienda de campaña. Esta ausencia de noche, descoloca un poco y siempre cuesta un rato más conciliar el sueño.

Metido en el saco, me dejaba mecer entre el cansancio y el repaso mental de la jornada cuando un ¡CATACRACK!, se deslizó en mi cabeza. Tardé un rato en procesar el sonido y no fue hasta que partió otra rama, que me di cuenta de que venía desde fuera y que no era cosa de mis ensoñaciones.

Me dije a mi mismo – ¡bo!, será un Alce, pero… ¿Y si no lo es? – Me levanté y salí fuera de la tienda armado con el bote de spray pimienta.

Y efectivamente, allí estaba. Delante de mis narices, a unos metros un oso grizzly, de pie sobre sus patas traseras, olisqueaba y me miraba curioso. Había cometido el error de dejar una cazuela con restos de comida junto a la tienda y el oso, profesional en oler cosas ricas a cientos de metros, se había presentado a ver que había en el menú.

Esa preciosura peluda, parda y gigante, me estuvo observando unos segundos que se hicieron eternos, hasta que decidió alejarse tras unos arbustos en dirección al lugar en donde estuve cenando. Sí, en Alaska se acampa en triángulo, “comedor”, “despensa” y tienda, separados. Fue ese rato que aproveché para recoger, empacar todo en la bici y salir corriendo con el corazón en un puño.

Por aquellas, era un novato en eso de andar perdido por el bosque y me cagué patas abajo. Lo cierto es que el animal no dio en ningún momento muestras de atacar, y si tuviera la oportunidad de volver a vivirlo, seguramente me asustaría un poco, pero lo recibiría como un auténtico regalo.

En busca del oso en la Montaña Palentina

La buena noticia es que no tenemos que irnos hasta Alaska para poder ver osos. Palencia, una de las provincias sorprendentemente menos visitadas de toda España, alberga en su montaña un grupo que se estima de unos 50 ejemplares.

Estos animales que siguen en peligro de extinción, estuvieron a punto de desaparecer de la zona. Afortunadamente los planes de recuperación de las últimas décadas están dando su fruto y cada vez hay más oportunidades de avistarlos.

Bikepacking en la Montaña Palentina

Razón más que suficiente para acercarnos hasta el norte de Palencia. Pero es que además, sus montañas, encabezadas por los picos Espigüete y el Curavacas, nos regalan un patio de recreo alpino espectacular en el que rápidamente te sentirás aislado en plena naturaleza.

Día 1 – Salinas de Pisuerga a San Juan de Redondo

  • Duración: Media jornada
  • Comer y dormir: No existen alojamientos donde poder comer por lo cual deberás cargar con tus provisiones. Al final de la etapa, en San Juan de Redondo y alrededores existen algunos alojamientos rurales que puedes consultar previamente. Nosotros nos quedamos en una pequeña casita de piedra del pueblo. NO es un refugio propiamente dicho, en este caso más que nunca respeta el espacio y no dejes rastro cuando te marches.
  • Imprescindibles: El atardecer desde el último collado junto a Peña Bermeja es acongojante.

En esta ruta me acompaña Asier, a quien conocí durante el confinamiento en el norte de India. Él venía desde Hong Kong en su bici y ambos terminamos regresando a casa en el mismo vuelo de repatriación. Un gran compañero de rueda con el que comparto filosofía de viaje: cuanta más naturaleza mejor, viajar sin prisas, viajar sin plan.

Nos dimos cita en Salinas de Pisuerga y bien entrada la tarde, salimos montados en las bicis rumbo a Parapertú, al que llegamos, siguiendo una estrecha carretera local.

En el pequeño pueblo nos “asaltó” Quico, apasionado del deporte y viajar en bici quien no dudó en ponerse el maillot y subir con nosotros el primer tramo de pista.

Kike con su bicicleta

Buen conocedor de la zona, aparte de ofrecernos una cerveza y su ayuda nos dio un montón de información útil respecto a donde conseguir provisiones, refugios, caminos y demás. Una lástima que al día siguiente tuviera que viajar con los chavales a los que entrena. Hubiese sido genial tenerle de compañía el resto del viaje. ¡Gracias Quico, que suerte haberte encontrado!

Nos despedimos y continuamos deslizándonos por asfalto, conectando comarcales hasta llegar a Celada sobre las 20:00 horas. Junto a la iglesia, se encuentra un techado que nos tienta para terminar el día.

El Collado

Decidimos continuar por el empinado camino de barro y piedras. Este desemboca en un herboso collado flanqueado por Peña Bermeja. Desde allí recibimos la recompensa por haber continuado. Delante, la puesta de sol ilumina suavemente el valle y sus campos verdes. Si puedes planificar tu ascenso para llegar con el ocaso, no te vas a arrepentir de la experiencia.

Terminando casi la etapa podría parecer que el día no guardara ninguna otra sorpresa, pero descendiendo a San Juan de Redondo yo me toparía con una huella de oso en el barro, encontraríamos un “refugio” abierto con luz eléctrica, mesita y sillones. Por su parte, Asier vería un lobo por la noche, ¡junto a la fuente del pueblo! ¿Qué más se puede pedir?

Día 2 – San Juan de Redondo a Valle de Pineda

  • Duración: una jornada
  • Comer y dormir: en Posada Fuentes Carrionas puedes recuperar fuerzas. También te preparan un bocadillo para llevar si te has quedado corto de comida. Necesitarás alimentos para el resto del día y la pernocta en el Valle de Pineda. En la misma posada también ofrecen alojamiento.
  • Imprescindibles: toda la ruta es espectacular, pero mi recomendación sería el tramo Santa María – Piedrasluengas y el descenso al Valle de Pineda con vistas al Curavacas. 

Para cuando desperté Asier, madrugador donde los haya, ya había desayunado y tenía el agua del café lista para mí. Así da gusto.

A pesar de estar prácticamente en junio, por la noche la temperatura cayó por debajo de los 0º C y la escarcha cubría las zonas sombrías. Esto te puede dar la idea de que el entorno no es para nada sencillo, imagino que los inviernos deben ser bien duros por estos pueblitos perdidos en la montaña.

Peña Abismo

Con todo recogido y dejando el refugio bien limpio, nos montamos en las bicis y cubrimos el pequeño tramo de carretera hasta Santa María de Redondo. Desde aquí subes por pistas a uno de los pasos más bonitos del día, el collado que conecta las dos vertientes de Peña Abismo. Y como voy con gente de buen comer y mejor disfrutar, sacamos el hornillo y no dudamos en preparar un café y un señor almuerzo con estas vistas:

Ojo, este paso natural no viene dibujado en ningún mapa, pero no tendrás problema siguiendo el track que te dejo en Komoot.

Posada Fuentes Carrionas

En Camasobres, se encuentra el único punto de la ruta donde comprar comida. Los dueños son majos y a pesar de pillarles un día entre semana y sin haber avisado no dudaron en bajar al pueblo por pan para prepararnos unos bocatas.

El Cresterío

Tanto Quico como la pareja de la posada, nos contaron que a partir de Casavegas comenzaríamos el ascenso a la cresta que hace de frontera natural con la provincia de Cantabria y que nos iban a encantar las vistas que tiene a la cordillera cántabra y Picos de Europa.

Por desgracia, tuvimos niebla cerrada durante todo el tramo, la excusa perfecta para regresar algún día.

Por cierto, aquí se encuentra un refugio, que en un día despejado tiene que tener una pernocta épica. Te dejo la localización exacta en el track.

Refugio en la Crestería

Dentro en la montaña

Poco a poco, subiendo collados y descendiendo a valles, la ruta nos sumerge en la zona más remota y deshabitada. Las pistas nos conducen directamente hacia el imponente Curavacas, que se deja entrever entre nubes pasajeras. Conforme vamos avanzando nos vamos acercando hasta que llegamos a Territorio Oso.

Tras el empinado descenso plagado de piedras, se llega al valle de Pineda. Enseguida encontrarás dos refugios marcados en el mapa de Komoot. Te recomiendo, sin duda, el primero. Una preciosa cabaña de piedra con chimenea junto a un arroyo claro, que nosotros encontramos ya ocupada.

De todas maneras, el segundo refugio, bastante más humilde, fue igualmente bienvenido. Al fin y al cabo estábamos rodeados de pura naturaleza.

Osos

Me sentía como un crío con la ilusión de poder ver un oso. La huella del día anterior, otra que vimos junto al río al ir a buscar agua y para colmo unos pescadores nos advirtieron que en las faldas del Curavacas, frente al refugio, se les podía ver deambular durante el atardecer y el amanecer.

Imagínate el salto que pegué cuando vi no 1, sino 6 o 7 osos pastando en un claro a lo lejos. -¡Asier, Asier! OSOSSS!- Madre mía, qué desilusión cuando hicimos zoom en las fotos y descubrimos que eran “simples” jabalíes.

El día siguiente, temprano durante el desayuno, volví a ver “osos”, volví a saltar de la emoción y volví a llevarme un chasco, en este caso con la forma de corzos.

Día 3 – Valle de Pineda a Aguilar

  • Duración: media jornada
  • Comer y dormir: una vez terminado el Valle de Pineda y a partir de Vidrieros puedes encontrar bares y alojamientos rurales. Cervera de Pisuerga dispone de todo tipo de servicios.
  • Imprescindibles: pista junto al embalse de Cervera. Muy sencilla, apta para todos los públicos.

Comenzamos la jornada descendiendo el Valle de Pineda para regresar a la civilización, abandonando la montaña para descender a la campiña.

Desde el Alto de la Varga (único ascenso de la jornada) descendemos a muerte hasta el embalse de Cervera siguiendo el GR1. A partir de aquí el resto del camino es pan comido. La agradable senda junto al embalse nos lleva a Cervera y de allí, previa recarga de sales minerales con una cerveza fría en la plaza del casco antiguo, pisteamos por caminos hasta Salinas.

Podrías quedarte en Salinas, tiene un espacio genial junto al río para pasar el resto del día. Además, la ruta que te propongo para la siguiente jornada pasa por el mismo pueblo. Nosotros, decidimos acercarnos hasta Aguilar y disfrutar de la pernocta en su embalse.

Día 4 – Ruta del románico palentino

  • Duración: una jornada tranquila.
  • Comer y dormir: Salinas de Pisuerga dispone de una pequeña tiendita y bares donde comer y beber.
  • Imprescindibles: o más bien prescindibles, uno de los últimos tramos se encuentra en pésimo estado, te lo dejo marcado en el track.

El plan era improvisar, con ayuda de komoot, una circular alrededor del embalse de Aguilar de Campoo, pero nuestras vecinas de pernocta, dos burgalesas en una campervan nos hablaron de la ruta que tenían planeada.

La Ruta del Románico Palentino, además de bordear el pantano, conecta algunas de las iglesias románicas más interesantes del norte de la provincia a través de pistas asequibles para todos los niveles.

La verdad es que me sorprendió ver tanta gente recorriéndola, sobre todo en comparación con la completa soledad de los anteriores días. Nos enteramos más adelante, al charlar con un grupo, que la ruta fue promocionada e impulsada por el televisivo aventurero Jesús Calleja, a la cual dedicó un programa entero.

El trazado es bastante bonito especialmente en primavera, atravesando campos del cultivo, campiña y bosques. Bien señalizado y con bastante interés artístico, no tiene pérdida y puedes hacerlo en un día o dividirlo en dos si lo haces en familia o no tienes nada de prisa.

Si os soy sincero, después de recorrer la maravilla natural que se encontraba a escasos 50 km me alegro un montón de que Calleja hiciera viral esta ruta y no el paraíso “bikepackero” escondido en la montaña.

En resumen

Antes de ir pregunté a Juan Sisto, un crack de los viajes en bici, si me podía informar un poco acerca de la región. Él, después de recorrer bastante mundo, acabó viviendo en un pueblito de la Montaña Palentina.

Paisaje nublado Montaña Palentina

Me contestó totalmente entusiasmado, asegurando que la gente desconocía lo increíblemente perfecta que es para las aventuras en bici.

Yo desde lo poquito que he podido recorrer, no puedo estar más de acuerdo.

Preparativos y cosas a tener en cuenta

Bicicleta: algo buenísimo de la ruta que te propongo, es que llegas a lugares bastante remotos siendo prácticamente el 100 % del camino ciclable, incluso con una bici de gravel y ruedas de 700 40C, como la mía. Aunque unos neumáticos anchos con buen taco te facilitarán mucho la vida.

No olvides tus herramientas y repuestos básicos.

Climatología: infórmate bien de las previsiones. La ruta transcurre por zona de montaña y subimos a más de 1800 metros por lo que pueden darse cambios bruscos del clima. 

Ropa: por eso mismo, incluso con buen tiempo, es importante ir bien equipado como mínimo con, chaqueta caliente tipo plumas, una chaqueta impermeable para lluvia y algo de ropa extra por si te mojas.

Pernocta: rodaremos por territorio protegido como parque natural, por lo que la acampada libre está prohibida. Afortunadamente hay bastantes cabañas y refugios libres donde pasar la noche. Nosotros planeamos hacer uso de ellas desde el comienzo por lo que solo llevamos el saco de dormir y la esterilla.

Comida: no es fácil comprar víveres durante el recorrido, por lo que deberás cargar comida suficiente para un par de días.

Álvaro en fuente

Agua: en cada pueblo encontrarás agua fresca y deliciosa, también hay bastantes arroyos y manantiales donde rellenar las botellas en caso de emergencia. Como norma y dependiendo de la época, yo siempre cargo 1 o 2 litros de reserva.

Ojo, toda la región es zona ganadera y es habitual encontrar mastines protegiendo los rebaños de los lobos. No te acerques al ganado, baja de la bici si es necesario y actúa con tranquilidad, de ese modo no tendrás ningún problema y evitarás el ataque de un perro… ¡Es más, pueden ser muy amistosos!

Fotografía Álvaro Teixeira y Asier Arroita

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