Tu odio hacia los ciclistas es clasista

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En mi ciudad la mayoría de los automovilistas padecen un insultante clasismo permeado de arrogancia, autoritarismo e impunidad, que no sólo está generando una preocupante división entre todos los estratos de nuestra ya de por sí degradada vida comunitaria, sino también una violencia vial que pone en peligro real, la vida de peatones y ciclistas.

La resistencia al cambio

Y por más que trato de justificar su proceder, lo hacen imposible, pues se resisten al cambio e insisten en usar el mismo pretexto que tanto usan muchos automovilistas, y que rezan: “no comparto la calle con ciclistas porque las calles le pertenecen a los automóviles, y nos pertenecen, porque pagamos por ellas”.

Simplemente no dejó de percibir su clasismo permeado con un temor al cambio que lo único que presagia es un repunte en la desigualdad que no puede traer nada bueno para nadie.

Tristemente, este inconsistente y errado comentario es considerado por muchos conductores de automotores, un hecho científico innegable. Y la verdad, es que es insostenible su clasismo disfrazado de costumbre.

Entonces, si tú automovilista, pero antes que conductor, eres un ser humano que ha ido a la escuela, que ha superado muchos prejuicios sociales, que vive en una democracia y que ha superado muchos de los tabúes de tus progenitores, ¿por qué nos tratas con desprecio? Y de verdad, quiero entender ese temor –por no mencionar su falta de discernimiento- que realmente hace que nos odien.

Ataque a ciclista

La bicicleta como medio de equilibrio social

Las bicicletas además de ser un importante instrumento para procurarnos salud: física y mental, así como para el bienestar de nuestras ciudades y, para de alguna forma acercarnos a la tan anhelada igualdad social con sus múltiples aspectos que beneficiarían a la colectividad, también es una importante herramienta para una clase media –en vías de extinción- y baja en dificultades.

No me odies por temor al cambio

Sin embargo, peatones, pero principalmente los conductores, parecen reservar un tipo especial de odio hacia los ciclistas.

Los conductores nos odian porque de acuerdo con ellos, somos seres que constantemente ponemos en riesgo nuestra vida –como si nos jugáramos la vida porque no tenemos algo mejor que a hacer-, por el simple hecho de circular por vialidades que nos han excluido al haber sido diseñadas exclusiva y primordialmente para los automóviles. De acuerdo a su desinformado cavilar, los ciclistas buscamos la muerte al osar pedalear por sus calles.

Los peatones temen que los ciclistas los atropellemos. Y entiendo estos argumentos, pero no puedo evitar pensar que ambos grupos están inmersos en el egoísmo.

Los automovilistas nos ven como personas inferiores que somos un estorbo y que nos merecemos todo su odio y con suerte, hasta un empujón con sus automóviles. Y por algunos imprudentes ciclistas, los peatones generalizan y nos perciben como un peligro.

Ciclista urbano

Las bicicletas pueden estar de moda hoy en día, pero la mayoría de las veces, cuando ves ciclistas en las calles de tu ciudad, están transportándose a algún lugar.

Las personas que andamos en bicicleta a menudo somos individuos que no podemos comprar autos, ya sea porque no contamos con los recursos o, porque hemos entendido que el uso indiscriminado del automóvil nos está llevando a la degradación de nuestra calidad de vida y de los que nos rodean, y en el mejor de los casos, que somos personas que hemos entendido que la tierra tiene una fecha de caducidad y que nuestras contaminantes acciones han acelerado esa fecha.

Los ricos aficionados al ciclismo pueden sacar sus bicicletas de vez en cuando y lo hacen en zonas a las que acceden primero en su automóvil, pero las personas que viajamos día tras día, llueva, truene o relampaguee, en invierno o en verano, lo hacemos porque realmente necesitamos transportarnos, y la mejor manera o, única que tenemos muchos de nosotros es en bicicleta.

¿No me crees? Para ti ¿los usuarios de la bici seguimos siendo mugrientos –para tu desgracia- habitantes de tu “cochecentrista” ciudad? ¿Crees que la mía es una opinión sin fundamento y con un amplio sesgo de parcialidad? Vayamos pues, a las cifras y los datos duros.

Ciclista en la avenida

La discriminación en México

Y para muestra un botón: los hechos de violencia y clasismo que constantemente hemos conocido por las redes sociales y los medios de comunicación son una oportunidad para reflexionar y llamar la atención sobre el preocupante problema de la discriminación por la condición social en México.

Según datos de la Encuesta Nacional sobre Discriminación en México (Enadis) 2010, el primer factor de división entre la sociedad mexicana es la riqueza: 59.5% dice que la riqueza divide “mucho”, 26.6% piensa que “poco”, y 12.5% señala que “nada”. Las personas de sectores socioeconómicos medio alto y alto son quienes en mayor porcentaje perciben que la riqueza ocasiona más divisiones.

En esta encuesta, aplicada a personas de todos los estratos socioeconómicos, niveles educativos y rangos de edad, en 1,300 localidades y 301 municipios del país, los mexicanos perciben que, en algún momento, no han sido respetados sus derechos por: “no tener dinero” (31.6 %), su “apariencia física” (24.5%), “edad” (24.1%) y “sexo” (23.3%). Además, 60% de personas piensan que en México existe un trato desigual en razón del tono de piel.

Esto nos habla de la vigencia del clasismo –que se suma generalmente con racismo- en nuestro país, fenómeno que comprende un conjunto de prejuicios y discriminación con base en la pertenencia a un nivel socioeconómico, que permanece muy enraizado en la mayoría de la población.

Al clasismo, y al racismo, se le suma la violencia. Nos indigna socialmente las situaciones como la sufrida por un ciclista a manos de un automovilista abusivo y clasista, pero en la realidad nadie hace nada.

Ciclista en el Zócalo capitalino

Y en países desarrollados, sí, esos que no fueron metidos al “progreso” a base de empujones, como si pasó en la mayoría de los países de Latinoamérica, también sucede lo mismo.

Ahí tenemos a Australia, en donde estudios han obtenido desesperanzadoras conclusiones al respecto, pues muchos automovilistas perciben como una molestia la presencia de bicicletas en las calles.

Ocurriendo lo mismo con nuestro vecino del norte (E.U.A), en donde también sus conductores más clasistas odian a los ciclistas porque creen que no pertenecemos a las vialidades.

Así que no es muy difícil concluir que un elevado número de motoristas en esta y otras muchas ciudades sienten un profundo desprecio clasista hacia los ciclistas, lo que les lleva a rebasarnos sin guardar la debida distancia de seguridad (1.5 metros como mínimo), cerrarnos el paso, insultarlos, en fin, poniendo en serio peligro nuestra vida. Y todo por su clasismo.

Y cuando a los conductores no les gustamos, no nos respetan o, a las leyes diseñadas para protegernos.

Sin embargo, yo en lo personal no pierdo la esperanza de que a medida que las ciudades continúen financiando y fomentando formas alternativas de transporte, incluido el cambio de su infraestructura para que sea más amigable con los ciclistas y los peatones, estas ideologías centradas en los automóviles y sus clasistas y confundidos conductores, finalmente se desvanecerá y permitirá que otros usuarios, como los peatones y ciclistas, reclamen su legítimo derecho a la ciudad y a forma de transportarse por ella. El cambio no se puede frenar y viene en bicicleta.