Mucho años antes de que Messi llenera los estadios de fútbol y Ronaldo apareciera en todas las revistas del corazón, los ciclistas de los seis días (six-days) eran los héroes de los deportes en Europa y América, generando velocidades vertiginosas que deleitaron al público en una dura competencia de resistencia en bicicleta.

¿Hoy en día es el fútbol el rey de los deportes?  Pues de acuerdo a la Federación Internacional de Fútbol Asociación (FIFA), sí. Pues poco más de 3,200 millones de seres humanos gustan del balompié, pero no siempre ha sido así. Hubo un tiempo comprendido entre 1890 y 1939 que las carreras de los seis días en bicicleta fueron el deporte para espectadores más popular sobre la Tierra.

Madison Square Garden 1908 / Shorpy.com

Era un momento en el que el fútbol era un incipiente deporte que contaba con muy pocos exponentes y muchos menos espectadores, y aunque en los Estados Unidos el béisbol ya despuntaba como un deporte para las masas, sus jugadores aún no ganaban las grandes fortunas que ya ganaban en esa época estos sólidos ciclistas y, mucho menos soñaban con llenar estadios durante seis días consecutivos, como sí ocurría con el ciclismo de competición.

Un momento en el que los deportistas -incluidas algunas mujeres- de mayor renombre y lo más parecido a una actual superestrella del cine eran ciclistas que se ganaban la vida compitiendo en pistas ovaladas (velódromos). Momentos en la historia en los que la bicicleta y su piloto atraían a multitudes de espectadores durante seis días y noches para ver el mejor espectáculo de la ciudad: las carreras de seis días (Six Day Bicycle Races).

Boston 1897 / The Mercury

¿Qué es la carrera de los seis días o Six Day Bicycle Races?

Las carreras de bicicletas de seis días fueron una importación inglesa nacida de una manía del siglo XIX por las pruebas de resistencia.

En sus inicios, los Seis Días fue una competencia de ciclismo en pista donde los ciclistas se pasaban pedaleando 6 días consecutivos y abarcando casi las 24 horas del día, cubriendo distancias de aproximadamente 3,300 km, con solamente breves paradas para descansar y recibir instrucciones -pues comían mientras seguían pedaleando-, incluso algunos para a hacer uso de sustancias que hoy son prohibidas, pero que en esa época le daban al velocista algo a que aferrarse para no desfallecer en la titánica tarea de pedalear al durante 6 días por al menos 18 horas continuas durante la competición.

Área de descanso para los ciclistas, París 1925 / Parisen Images

Inicialmente, los ciclistas compitieron solos, siendo el ganador el individuo que completaba el mayor número de vueltas durante los 6 días. Sin embargo, el formato cambió para permitir a los equipos (generalmente de dos corredores cada uno), un corredor que pedalea mientras el otro descansa. El régimen de las 24 horas del día también se ha relajado, por lo que la mayoría de las carreras de seis días en la actualidad implican seis noches de carreras, generalmente de 6 p.m. a 2 a.m., en pistas cubiertas (velódromos).

Las primeras pruebas de esta modalidad tuvieron lugar en el Reino Unido en 1878, compitiendo corredores individualmente por no menos de 18 horas consecutivas por jornada, durante seis días. Se considera que la primera Carrera de Seis Días oficial se llevó a cabo el 4 de diciembre de 1899 en el Madison Square Garden de Nueva York. Siendo el origen de los Seis días de Nueva York.

Cleveland 1932 / BikeRaceInfo

¿Cómo se designaba al ganador?

El ganador absoluto de esta competición es el ciclista o equipo que ejecuta el mayor número de vueltas. Cuando los diversos ciclistas o equipos han recorrido el mismo número de vueltas, se designa ganador, al contendiente que obtiene la mayor cantidad de puntos en los esprintes intermedios, persecución y otras pruebas.

Un programa típico (actualidad) de la carrera de seis días incluye:

  • Competiciones detrás de la motocicleta
  • Esprintes intermedios
  • Carreras de eliminación

La prueba principal es la carrera de Madison, en la que los dos miembros del equipo están en la pista al mismo tiempo. Uno de ellos toma su turno en la carrera de relevos, mientras que el otro va hasta el siguiente relevo. Los relevos se hacen tocando la espalda o la mano.

El ganador general es el equipo que completa la mayoría de las vueltas. En el caso de que los equipos completen el mismo número de vueltas, el ganador es el equipo con la mayoría de los puntos ganados en competiciones intermedias (carrera por puntos). Además de la persecución para ganar vueltas sobre los competidores.

En los eventos principales de chase o madison (llamados así por el Madison Square Garden en la ciudad de Nueva York donde se diseñó el formato de dos hombres), ambos corredores pueden estar en la pista al mismo tiempo, tomando turnos para la carrera, Entrelazándose mutuamente de nuevo en acción.

Jazz, alcohol y apuestas

Sin duda una agotadora competición, tanto para los deportistas, como para los espectadores, pero estas maratónicas sesiones de ciclismo eran seguidas por los espectadores, pues estaban acompañadas de música Jazz, alcohol y apuestas para entretenerlos.

La elegancia, encanto, atractivo y seducción de este deporte hizo de él todo un acontecimiento para quienes lo veían, así como para los que lo corrían, siendo éstos, en muchas ocasiones, reconocidos como superestrellas de su época. Para poner un ejemplo del trato de superestrellas que recibían los ciclistas consagrados a la especialidad; en la década de 1920, un promotor le otorgó a Jimmy Walthour de Park City, Illinois, un contrato por $ 100,000 USD (algo más de 1´900,000 MXN de la actualidad pero con la inflación la cifra se eleva varios millones de pesos) lo que hizo de él, junto con Babe Ruth, uno de los atletas mejor pagados de la época.

Jimmy Walthour / Paris-Roubaix

Fans enloquecidos

El contrato de Walthour requería que no se casará durante seis años, una disposición que el promotor pensó que construiría una sólida base de admiradoras (mujeres jóvenes) que llenarán los velódromos constantemente. Pero Walthour se casó poco después con una joven actriz de Broadway, decepcionando a su harem de seguidoras incondicionales.

Pero el fanatismo por esta prueba va mucho más allá de algunas señoritas enojadas porque su héroe deportivo las plantó, casándose con una simple actriz de vodevil.

En una destacada crónica del Chicago Tribune narra cómo en 1896, los seguidores de la ciclista Dottie Farnsworth demolieron las gradas y arrancaron la duela de una pista de carreras en Minneapolis, Minnesota, cuando se enteraron de que ésta no aparecería.

Foto: George O´Donnell

El promotor encargado de la sesión había subido los precios de las entradas, esperando sacar provecho de la afamada Farnsworth, solo para anunciar, horas después, que la célebre ciclista de carreras estaba demasiado enferma para competir.

El promotor no tuvo más remedio que devolver las entradas a la enardecida multitud de 5,000 almas que sólo le dieron un descanso al destruido velódromo para irse a protestar a la calle por la ausencia de su deportista favorita. Esa noche varios carruajes reunieron a cientos de oficiales del orden que, intentaron apaciguar los desmanes que ocurrían por toda la ciudad, sin embargo, los disturbios no pudieron ser sofocados por más de 2 horas.

Piet van Kempen. Wembley 1936 / BikeRaceInfo

El encanto de la Mafia por el ciclismo

Conforme el deporte se popularizaba, los doctos en el tema aseguraban que la Carrera de Seis Días tenía tres audiencias distintas: verdaderos entusiastas, espectadores en busca de algo que hacer después del cierre de los clubes nocturnos y los capos de la Cosa Nostra.

De acuerdo a la prensa de la época, Al Capone y otros gánsteres del momento aparecían a menudo en las competencias, en donde se reunían en las gradas para apostar a su favorito en los esprintes individuales.

Donde hay dinero, a menudo hay apuestas, y con eso viene el potencial de corrupción. Los rumores de irregularidades financieras se colaban en las carreras de seis días desde sus primeros días, su mera estructura provocaba sospechas.

De izquierda a derecha posición número cuatro, Al Capone. Atlantic City / Gentleman´s Gazette

Pues hubo diversos casos en los que el promotor de la competición no sólo armaba la logística de la carrera, sino que también seleccionaba a los funcionarios que determinaban a los ganadores y los perdedores, provocando diversas arbitrariedades que estaban movidas por el dinero de las apuestas que corrían sin restricción alguna durante el evento.

No obstante que era un evento democrático al que podía asistir cualquier persona que pudiera pagar su entrada, la realidad es que una pujante nueva burguesía era la que asistía en mayor número a estos templos de la velocidad, y fue esta burguesía la que encumbró a aquellos ciclistas al nivel de dioses.

Un periodo en el que este deporte contó con miles de seguidores y encumbró a muchos ciclistas a los niveles más altos de la farándula y el deporte. Una época en la que los ciclistas eran las superestrellas del momento.