Más que un medio de transporte, para mi la bicicleta se ha convertido en un santuario sobre dos ruedas en el que puedo vivir momentos de profunda concentración y contemplación. Se ha convertido en una herramienta de meditación y parte importante en mi vida.

Mural bicicleta con aves

Mural en el 5o Congreso Nacional de Ciclismo Urbano en Oaxaca

Hace un par de días leí un artículo que hablaba sobre el Zen y de inmediato comencé a relacionar, lo que ahí se hablaba, con mi experiencia en la bicicleta. Seguramente habrá quienes en este punto decidan dejar de leer y piensen que estoy loco.
La verdad espero que muchos de ustedes se identifiquen y compartan con nosotros su experiencia.

¿Qué es el Zen y el Zazen?

Investigando un poco aprendí que el Zen es un estado en el que mente y cuerpo se incorporan en una unión total. Es un estado que nos permite ver las cosas sin la distorsión que nosotros mismos creamos con nuestro pensamiento. Es un estado de total y absoluta paz.

Tradicionalmente, este estado puede ser alcanzado a través el Zazen, que literalmente quiere decir meditar sentado. El Zazen nos facilita el estar presentes y experimentar el momento permitiendo que los pensamientos vayan y vengan hasta que la mente entra en un estado de atención sutil.
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Foto: Renee Barron

¿Por qué mi Bicicleta es mi Zazen?

Respiración
Como cualquier otra actividad física, la respiración es importante de andar en bicicleta. El aprender a controlar la respiración de manera conciente nos ayuda a liberar el estrés y a relajarnos. Cada que me subo a la bicicleta procuro aprovechar este tiempo para desconectarme de los problemas del trabajo y llegar a mi casa en modo de hogar.

Concentración
Especialmente cuando se circula por rutas ya conocidas, uno puede darse el lujo de concentrarse más en el momento. De escuchar los sonidos a nuestro alrededor, sentir la brisa del aire en el rostro, oler los diferentes aromas que encontramos a nuestro camino. Todas esas sensaciones que percibimos nos ayudan a conectar mente y cuerpo y conectarnos más con nuestro entorno. Esta conexión permite que nos sensibilizemos y nuestro sentido de comunidad crece. 

Contemplación
En ocasiones la bicicleta me ayuda a llegar a un estado de contemplación. No es raro que camino al trabajo o cualquiera que sea mi destino me permita reflexionar acerca de mi día, mi vida, mis metas, mi relación con mi pareja, etc.
Muchas de las ideas para La Bicikleta surgen sobre mi bicicleta.

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Imagen: Simples Bike

La verdad es que yo no he practicado el zazen propiamente dicho, pero de lo poco que se, me puedo dar cuenta de cómo la bicicleta ha cambiado mi vida. Antes veía la ciudad a través del parabrisas de mi coche. Escuchaba cláxones, motores, mentadas de madres las cuales intentaba disimular con el estéreo a todo volumen. En pocas palabras cada traslado era una dosis de estrés.

En la bicicleta he aprendido a vivir la ciudad con los cinco sentidos, me relajo y me doy la oportunidad de meditar sobre mi vida, me doy oportunidad de que las ideas fluyan en mi cabeza. Experimento y saboreo  cada segundo sobre mi bicicleta.

Bueno, pues esa ha sido mi experiencia con la bicicleta. ¡Me gustaría escuchar la suya! Se que hay muchos “locos” que al igual que yo piensan que la bicicleta es mucho más que una simple maquina de dos ruedas. Los invito a que dejen sus comentarios y nos den su opinión, nos cuenten sus experiencias y anécdotas.