Bicimensajero en escaleras

Bicimensajeros: todo lo que quieres saber

Los bicimensajeros son ese colectivo que lucha contra la precariedad del empleo mientras se abre paso entre el tráfico para realizar la entrega.

Su eficacia se debe a que en pequeños distritos (zonas) su movilidad fluye con el tránsito automotor, superándolo para cumplir con la entrega.

No se trata de velocidad ni de ser temerario, sino de seguridad y eficacia en la entrega. Ese es el trabajo del mensajero en bicicleta.

Te contamos qué es el oficio de bicimensajero en una gran ciudad.

La bicicleta y los oficios

Inicios de la bicimensajería
Foto: Biblioteca del Congreso / E.E.U.U.

La eficacia para transportar la carga, y el bajo costo en el mantenimiento de la bicicleta son patentes en el oficio de mensajero en bicicleta. Cualidades que han servido para que la bicicleta sea el vehículo de apoyo para la realización de este y otros oficios.

Durante muchos años el reparto de mercancías se hizo en bicicleta. El pan, la leche, el pollo, la carne y otras mercancías han sido transportadas en bicicleta con eficacia y prontitud en el mundo entero.

Antes de la era digital, una gran variedad de oficios han sido desempeñados con suma eficiencia gracias a la bicicleta. Durante años, el oficio de cartero, jardinero, afilador, y un amplio espectro del autoempleo ha podido realizar sus labores gracias a la bicicleta. 

Inicios de la bicimensajería

Los primeros registros muestran que los mensajeros en bicicleta fueron utilizados por la Casa de Bolsa de París en la década de 1870. En la década de 1890, Western Union empleó mensajeros en bicicleta en Nueva York y otras grandes ciudades.

Poco después de la Segunda Guerra Mundial, las empresas de mensajería en bicicleta empezaron a surgir. Una de las primeras fue fundada por Carl Sparks, en San Francisco, California en 1945. Sparkies pasó a convertirse en Aero, y fue comprado en 1998, para luego ser absorbida y convertirse en Citysprint.

A fines de 1970, el enorme crecimiento del transporte motorizado significaba largos embotellamientos. Lo que incentivó el nacimiento de empresas de mensajería en bicicleta en los Estados Unidos y Europa, donde los bicimensajeros continúan operando.

La cultura bike messenger

Qué es un bicicmensajero
Foto: Jake Cain

Pero es a mediados de los años 80 que empieza a surgir la cultura del Bike Messenger o la messlife. Concepto mucho más complejo que una simple etiqueta para representar su vida diaria entre el tráfico o su inusual estilo de vida.

Esta subcultura involucra a: escritores, artistas visuales, ciclos de cine, Bike Polo, competencias internacionales como el Cycle Messenger World Championship, así como carreras clandestinas (Alleycats).

La simplicidad es la clave para el bicimensajero. La bicicleta de piñón fijo por su bajo mantenimiento y minimalismo es una de las más usadas por este gremio.

La gente identifica al bike messenger como menesterosos con mochila en la espalda, manillares estrechos, bicicletas fixie y con un desprecio por las leyes de tránsito. Una imagen muy apartada de la realidad. El “desprecio” por las normas viales, no es más que una percepción, pues en su respeto le va la vida al mensajero en bicicleta. 

La cultura del bicimensajero no se limita a ser un inconforme con lo establecido y lo socialmente aceptado.

Muchos colaboran en eventos de ciclismo y participan activamente en pro de la defensa de otros ciclistas. Crean cooperativas, fondos para brindar seguridad social y servicios médicos para sus compañeros ciclistas. 

Abogan por el ciclismo como alternativa a la movilidad en las ciudades. Además de incidir directamente en la creación de políticas públicas que brinden infraestructura y mayor seguridad vial para todos los usuarios de la bicicleta.

Son una gran fuente de información sobre a dónde llevar tu bicicleta a componer. Conocen las mejores rutas, y los caminos más seguros, los mejores cafés y un sinfín de información necesaria para otros ciclistas urbanos.

En la era de la inmediatez y la tecnología digital, este oficio empieza a proliferar como resultado de su eficiencia y la necesidad de trabajo.

Repartidores en bicicleta y las apps

Repartidor en bicicleta

La tecnología no ha sido ajena al fenómeno del mensajero en bicicleta. Apps y startups en reparto han proliferado en ciudades de todo el mundo.

No obstante que para algunos la mensajería en bicicleta no es solo tener una bici y un teléfono celular. Muchos usuarios de estas aplicaciones han encontrado una forma de sustento en el reparto de mercancías y efectuando diligencias para un tercero.

¿Serán la proliferación de aplicaciones enfocadas en el reparto o la precariedad laboral que se vive actualmente en muchos países los detonantes de este tipo de empleo para muchos ciclistas alrededor del mundo? ¿O será la logística post pandemia?

Lo que es un hecho es que el aumento de personas dedicadas a la mensajería en bicicleta a nivel global ha crecido exponencialmente en los últimos años.

El número de mensajeros en bicicleta por aplicación es incierto, porque en las apps también los hay en motocicleta y automóvil. Sin embargo, en la capital mexicana, integrantes del colectivo “NiUnRepartidorMenos” estiman que hay más de 350 mil repartidores (en todos los medios de transporte) por aplicación distribuidos en al menos 4 distintas plataformas.

Un claro ejemplo de este crecimiento es Rappi. Una de las empresas líderes con presencia en 6 países de América Latina. Más de 100 mil repartidores en 13 ciudades mexicanas y más de 25 mil repartidores en Bogotá, Colombia.

Cuánto gana un repartidor en las apps

Bicimensajeros
Foto: BNE Messengers

El esquema de las apps es que no son empleados, sino socios que cobran a destajo. Es decir, por cada entrega que hacen.

Un repartidor que realiza entre 20 y 25 entregas diarias, 6 días a la semana, puede generar alrededor de 7 mil pesos mexicanos mensuales, según estimaciones del portal Glassdoor. Situación que se repite en otras ciudades de todo el mundo. En España rondan los 4 euros por pedido.

La precariedad en su empleo también roza en la discriminación, pues plataformas como Uber Eats, cobra al mensajero que utiliza auto el 20% del costo de viaje, mientras que a los que usan bicicleta, les retiran el 35%.

Tampoco tienen seguridad social o seguro médico, en el menor de los casos, tienen seguro de accidentes, siempre y cuando esté activa la aplicación mientras hacen una entrega. También carecen de vacaciones o días de descanso, pues día que no trabajan, día que no generan ingresos.

Si llueve, hace frío, calor o el tráfico es caótico, de igual forma tienen que pedalear más de 8 horas al día para obtener un ingreso medianamente aceptable. El bicimensajero va a donde otros no quieren o no pueden ir y realiza la entrega.

Víctimas frecuentes de la delincuencia, el acoso sexual y la muerte por atropellamiento, bicimensajeros y repartidores por aplicación, por igual, se juegan la vida en cada una de las entregas que realizan.

Desde hace décadas que el mensajero en bicicleta ha surcado las calles de nuestras ciudades. Su actual auge, posiblemente se deba a la popularización de las plataformas digitales de mensajería o tal vez por el encarecimiento del empleo formal o, a su necesaria labor en tiempos de pandemia.

Lo cierto es que, con menos gente viajando al trabajo en este momento, y más personas con necesidad de alimentos, medicinas y diversos artículos a domicilio, el bicimensajero está siendo parte importante de la logística en las ciudades.

De hoy en adelante, cada que veas a un mensajero en bicicleta en el carril contiguo a tu auto, asiente con la cabeza en un gesto de aprobación y piensa que lo único que trata de hacer es su trabajo. Con la entrega que realiza está ayudando a alguien que lo necesita.