Los ciclistas somos seres con Fe, pues la Fe es un principio de acción y de poder -justo lo que hace cualquier persona que decide tomar una bicicleta-. Cuando nos esforzamos por alcanzar una meta digna, estamos ejerciendo la Fe, porque demostramos nuestra esperanza en algo que aún no podemos ver.

Lo mismo pasa en el ciclismo urbano, pues confiamos en que podemos cambiar la ciudad y nuestra calidad de vida a través de la pura fuerza de nuestras piernas. Y si de ciclismo deportivo hablamos, lo mismo pasa, pues nuestra Fe se centra en que nuestros entrenamientos nos lleven a alcanzar la meta deseada: puede ser ganar una carrera, imponer un récord personal o el simple hecho de terminar una ruta que creíamos imposible de alcanzar.

Foto: Notre-Dame des Cyclistes REUTERS/Regis Duvignau

Y para tener Fe, no importa si Dios existe o no, ya que la Fe tiene como objetivo la satisfacción de nuestros deseos humanos básicos.  La Fe, no necesita de religiones, pues la Fe es el asentamiento a un hecho, confianza en el dicho o el hecho de una persona, así como la aseveración de las cualidades de ésta.

Es por ello, que yo en lo personal, sin meter a la religión en esto, creo que todos los ciclistas somos seres con Fe.

Pero como muchas veces es más sencillo apoyarnos en deidades que simbolicen un vehículo que nos acerquen de manera más sencilla a nuestras metas más dignas, es que muchos de nosotros nos encomendamos a santos y vírgenes. Y cómo la Fe católica-cristiana es la que más arraigada está en los países de mayor tradición ciclista como lo son: Italia, Francia, España y por supuesto México.

Te presento los santos y vírgenes a los que nos encomendamos los ciclistas.

Italia: Madonna del Ghisallo

En la cumbre del puerto de Ghisallo cuya ascensión forma parte del trayecto tradicional del Giro de Lombardía y también a menudo del Giro de Italia, se encuentra una pequeña ermita en honor a la patrona de todos los ciclistas: la “Madonna del Ghisallo”.

A dicha virgen le rezan los ciclistas de toda Italia, pues desde 1948, año en el que papa Pío XII la proclamó “Patrona universal de los ciclistas”, ha sido lugar de culto al ciclismo y a sus máximos exponentes.

De acuerdo a los sucesos recolectados en la época de su proclamación, una antorcha bendecida por el propio Papa, fue llevada de Roma hasta el santuario por una comitiva de la que los dos últimos relevos fueron el propio Gino Bartali y Fausto Coppi – para muchos entendidos en el ciclismo y sobre todo para miles de italianos, ambos pedalistas son dioses reencarnados en ciclistas-.

Con los años, el santuario ha ido guardando celosamente lo que muchos de nosotros consideraríamos fragmentos religiosos del ciclismo, ahí han depositado numerosos recuerdos de ciclistas célebres, en especial las bicicletas de Bartali, Coppi, Eddy Merckx, Felice Gimondi y Francesco Moser y diversas camisetas de corredores.

Hoy en día, junto al santuario, hay un museo consagrado al ciclismo que fue inaugurado el 14 de octubre de 2006 con motivo del Giro de Lombardía y que puedes visitar sin al entrar a una iglesia -si es que el entrar en un recinto católico te provoca que comiences a retorcerte-.

Foto: Graham Watson

Francia: Notre-Dame des Cyclistes

Lo que fuera la descuidada y antigua capilla de Géou en la región de Aquitania, fue restaurada en 1959 con el motivo expreso de convertirse en el santuario de “Nuestra Señora de los Ciclistas” (Notre-Dame des Cyclistes). Se dice que, Joseph Massié, sacerdote adscrito a la vieja capilla se montó a su bicicleta y pedaleo desde el sur de Francia con dirección al Vaticano para pedirle al papa Juan XXIII que le permitiese crear una patrona al ciclismo. El Sumo Pontífice accedió, y el 18 de Mayo de 1959 se convirtió en la capilla de Notre-Dame des Cyclistes (Nuestra Señora de los Ciclistas).

Hoy además de ser un monumento histórico desde febrero de 1996. También puedes tomar los sacramentos entre bicicletas de los primeros años del Tour que adornan sus paredes como si de ángeles se tratase o, escuchar la eucaristía a escasos centímetros de un maillot firmado por Alberto Contador.

Antes de que fuera descubierto el fraude de Lance Armstrong, que lo hiciera ganador de 7 Tours de Francia, la capilla exhibía uno de los primeros maillots amarillos autografiado por el estadunidense, pero una vez descubiertos sus pecados cometidos en la Ronda Gala, fue retirado.

Foto: ekladata.com

España: Nuestra Señora de Dorleta

Los pedalistas españoles agradecen sus triunfos y buena fortuna a la Virgen de Dorleta, cuyo oratorio está ubicado en Salinas de Léniz, en el País Vasco.

De acuerdo a la historia, la coronación de Dorleta como señora de los ciclistas españoles, se celebró el 26 de octubre de 1958 y dos años más tarde, el 8 de agosto de 1960, tres cicloturistas vascos: Luis y Ángel Serrano y José Luis Sáenz de Olazagotia peregrinaron a Roma para conseguir que Juan XXIII, diera su bendición para que la virgen de Dorleta fuera nombrada oficialmente patrona de los ciclistas en España, aunque no fue hasta 1973 cuando la Federación Española de Ciclismo lo formalizó en los estatutos.

Ahora los ciclistas agradecen ofrendando sus jerséis o bicicletas que adornan el santuario de Dorleta.

Foto: turismo.euskadi.eus

México: La Virgen de Guadalupe

Si bien no contamos con un santo o virgen exclusiva para los ciclistas como pasa en los países que ya he mencionado arriba, si hay peregrinaciones que se hacen desde diversos puntos del país que van en bicicleta a rendirle culto a la “Morenita del Tepeyac”, para no ir más lejos en el año de 2017, para la celebración de su onomástico (12 de diciembre) se calcula que al menos 64,400 ciclistas arribaron a la Basílica de Guadalupe a rendirle culto a “Virgen Morena”.

El culto que le rendimos a esta virgen los mexicanos, va mucho más atrás en el tiempo que nuestra era cristiana, pues en este cerro desde tiempos prehispánicos ya adorábamos a la “Tonantzin”, nombre que se usaba para describir a diversas deidades femeninas ancestrales, pero que en este caso en particular se usa para designar “Nuestra Madre”.

Desde épocas prehispánicas ya existía un templo de adoración a “Toci-Tonantzin” en el Tepeyac, cerca de la antigua Tenochtitlan, -ahora Ciudad de México-. Dicho templo fue destruido durante la Conquista de México. Sin embargo, los monjes franciscanos mantuvieron una pequeña capilla en este lugar para atraer a los indígenas a convertirse en el catolicismo.

Y así es como hoy en día ciclistas o incluso corredores se encomiendan a “Nuestra Señora” para agradecerle sus triunfos deportivos o pedirle que los socorra en sus competiciones.

Foto: El Universal

México: San Judas Tadeo

El caso de San Judas Tadeo, desde mi punto de vista bien puede ser considerado el santo de los ciclistas urbanos en México, pues como muchos saben, también es el santo de las causas perdidas, pero aunque el ciclismo urbano no es una causa perdida, si necesita de valientes y ahí es justo donde este Santo se compenetra con el ciclismo urbano, pues Tadeo proviene del Arameo, que significa valiente. Como los ciclistas urbanos de esta enorme metrópoli.

Así cada año vemos también a miles de ciclistas acudir al El Templo de San Hipólito y Casiano mejor conocido como la Iglesia de San Judas Tadeo, localizado en el cruce del Paseo de la Reforma y Avenida Hidalgo, lugar que se ha convertido en un centro de peregrinación para los ciclistas católicos y no católicos que buscan el apoyo de una deidad en la cual descargar su Fe, en busca de favores.

Foto: El líder en información

Y tú, ¿tienes algún santito, virgencita, estampita u otro símbolo de protección que te acompañe durante el pedaleo?