Hace dos semanas concluyó en Quito la Tercera Conferencia de las Naciones Unidas sobre vivienda y desarrollo urbano sostenible (Habitat III), con el respaldo de los gobiernos nacionales presentes a un acuerdo global más: la Nueva Agenda Urbana. Y en tan sólo unos días dará inicio la COP 22 de la Convención Marco de Naciones Unidas sobre Cambio Climático en Marrakech, Marruecos.

Me disculpo ante quienes hayan pensado que este artículo ofrecería ideas innovadoras de avituallamiento u opciones de rutas económicas entre Sudamérica y el norte de África. En cambio, me gustaría proponer un itinerario que nos lleve, por barrios que no solemos visitar, hacia las ciudades seguras, productivas y sostenibles que deseamos.

Los héroes que necesitamos: Peatón Man (Ecuador), Superurbana (Brasil), Super Ando (Brasil), y Peatónito (México), se unieron en las calles de Quito para defender el derecho de quienes las transitan a llegar seguros a su destino.

Para quienes acudimos a la conferencia, Habitat III terminó siendo un modelo a escala de los desafíos que nuestras ciudades enfrentan: desigualdad y una distribución injusta de los recursos, una demanda de servicios desbordada, mala planeación y deficiencias en la implementación.

Con más de 16,000 ecuatorianos y 10,000 participantes de origen internacional registrados, acceder a la sede de la conferencia fue simplemente una pesadilla. Y a pesar de que estábamos ahí para hablar de cómo construir “ciudades para todas y todos”, todas y todos vimos como los delegados nacionales y conferencistas ingresaban sin contratiempos por una fila VIP. La gente de a pie (y de bici), tuvimos que esperar hasta tres horas en fila, disfrutando el clima quiteño que fácilmente iba de un sol quemante a una llovizna persistente.

La ciudad, territorio en disputa

Las discusiones entre ONGs, líderes indígenas, movimientos juveniles, grupos de base y académicos dentro y fuera de Habitat III giraron en torno a la necesidad de descifrar y poner la Nueva Agenda Urbana en términos reales para los diferentes grupos y movimientos sociales, especialmente para quienes son discriminados o marginalizados (los derechos de la comunidad LGBT+ fueron eliminados de la Nueva Agenda Urbana por exigencia de un grupo de 17 países que se rehusó a firmarla si éstos aparecían en el texto).

En un panel sobre acción ciudadana, activistas urbanos hablaron de cómo para movilizar el reclamo del derecho a la ciudad, tienen primero que romper con el círculo vicioso de la falta de información que las personas tienen acerca de sus propios derechos, de la falta de espacios en la esfera pública para ejercerlos, y de un sentimiento generalizado de pérdida de la esperanza de cambiar las cosas.

Activistas urbanos de Rusia, Brasil y Ecuador intercambian aprendizajes durante la sesión “People Power”, organizada por Greenpeace y Engajamundo en Habitat III.

La enseñanza práctica fundamental que las y los activistas compartieron, es que la única forma de reclamar el espacio público es, de hecho, tomándolo. Una vez más, se hicieron evidentes los vínculos transversales entre los diferentes movimientos sociales: transformar la movilidad, detener el cambio climático y la desigualdad económica, alcanzar la equidad de género, y ejercer nuestro derecho a la ciudad, solo será posible con la participación de las personas.

En cinco de sus 175 párrafos, la Nueva Agenda Urbana menciona el papel del ciclismo y la infraestructura ciclista, comprometiéndose a impulsar:

  • Espacios públicos que fomenten la convivencia social incluyente y participativa (par. 37),
  • Calles seguras, conectadas y libres de violencia, donde las iniciativas locales florezcan en el espacio público (par. 100)
  • Medidas de seguridad vial que protejan a peatones y ciclistas, con especial atención a las necesidades de las mujeres, los jóvenes, las niñas y niños, los adultos mayores y las personas con discapacidades y en condiciones de vulnerabilidad. (par. 113)
  • Movilidad urbana accesible y que atienda a las necesidades de edad y género, donde el transporte público y la movilidad no motorizada tengan prioridad sobre los automóviles privados, bajo un modelo de desarrollo orientado al transporte (par.114)
  • Instrumentos de financiamiento público nacional y subnacional para mejorar los sistemas de transporte y movilidad, considerando en éstos las necesidades de infraestructura peatonal y ciclista (par. 118).

¿Entonces a dónde vamos?

Mientras que en Quito los gobiernos llegaron a un acuerdo no-vinculante (es decir, sin sanciones en caso de ser incumplido), este 4 de noviembre entró formalmente en vigor el Acuerdo de París, cuyo principal objetivo es limitar el calentamiento global muy por debajo de los 2 grados centígrados y lo más cerca posible de los 1,5 grados para evitar los impactos más peligrosos del cambio climático.

Fuente: EFE Verde.

Para alcanzar este objetivo será necesario que las emisiones globales dejen de seguir aumentando y, por el contrario, disminuyan lo más aceleradamente posible.

Una vez más, el dilema está en “cómo”. A los gobiernos reunidos en la COP22 que inicia el 7 de noviembre en Marrakech, Marruecos, les tocará diseñar la hoja de ruta para que esto sea posible.

Los números no cuadran

Los compromisos de reducción de emisiones que los gobiernos del mundo han puesto en la mesa en sus INDC (contribuciones nacionales determinadas) nos ponen en camino seguro a un incremento de 3 grados en la temperatura, y a las consecuencias que este incremento tendría en el incremento del nivel del mar, las tormentas y ciclones cada vez más intensos y frecuentes, sequías, inundaciones y períodos de calor y frío cada vez más extremos.

Aquí es donde una vez más, y cuantas sean necesarias, debemos recordar que los automóviles particulares y el sector transporte en general representan las fuentes más significativas de emisiones en nuestras ciudades.

También debemos recordar que el año pasado los gobiernos internacionales firmaron la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible, cuyo objetivo 11 es que las ciudades y asentamientos humanos sean incluyentes, seguros, resilientes y sostenibles.

“El ciclismo nos lleva a los objetivos globales”, portada del documento elaborado por la Federación Europea de Ciclismo, disponible en PDF aquí

Si bien las ciudades cubren menos del dos por ciento de la superficie de la tierra, en ellas se consume el 78% de la energía generada y se producen más del 60% de las emisiones de gases de efecto invernadero. Al final, los objetivos de la Nueva Agenda Urbana están profundamente interconectados con los Objetivos de Desarrollo Sostenible y los del Acuerdo de París.

Conocer las buenas intenciones que nuestros gobiernos están poniendo en el papel nos da una base sólida y justa para seguir exigiendo calles seguras, infraestructura incluyente, transporte público digno y eficiente, y ciudades a la medida de las personas, y no de los automóviles.

Fotos: Jenny Zapata