Estoy seguro que al menos alguna vez durante alguno de tus traslados en bicicleta te ha sucedido. Vas muy contento pedaleando y sin advertirlo -y en la mayoría de los casos sin provocarlo-, te encuentras en el camino con algún automovilista que conduce de manera errática y peligrosa o que simplemente está embriagado de cólera automovilística por pasar horas y horas tras el volante. ¿Te suena de algo esta escena?

A medida que se incrementa la violencia vial en las calles de nuestra ciudad, me he descubierto experimentando sentimientos encontrados respecto a la forma de proceder, cuando como ciclista urbano, he sido vulnerado por la imprudencia o el enojo de algún automovilista mientras conduce.

En un principio, la verdad es que lo primero que me ha venido a la mente es: patear, romper, golpear autos y conductores por igual. Después, y tras algunos altercados, descubrí que en ninguna de mis incursiones bélicas resolví absolutamente nada.

Y entiendo perfectamente que, a menudo, ante el miedo de sentir nuestra vida en peligro: el enojo y la violencia, son la primera respuesta ante un automovilistas imprudente, pero también creo que, hay muchas mejores formas de solucionar un desacuerdo vial que, con gritos y puñetazos.

Como dicen los abuelos: “nadie escarmienta en cabeza ajena”, y llámenme inocente por querer evitarles algunas molestias. Y por supuesto que defiendo el que uno debe pelear por sus derechos, pero ¿hasta dónde es necesario hacerlo? ¿Es justificable violentar ese reclamo por tus derechos? Para que no suene a sermón, ustedes deberán responder esa pregunta. Ya que solo tú, sabes hasta donde quieres llegar con la violencia.

“La paz es la única batalla que vale la pena librar”

Albert Camus.

El video como denuncia

De entrada debes saber que filmar a alguien sin su consentimiento es malo, y mucho peor, si ese alguien no quiere que salga a la luz pública su torpeza atrás del volante. Pero si te hace sentir mejor que el escarnio en las redes sociales para ese cafre motorizado sea su castigo, debes saber que, sólo es eso: una burla, y que no hay repercusiones reales más allá del aguantar por unos días que les ataquen en el mundo virtual.

Pero si ese imprudente es chofer de alguna firma, y conduce el vehículo de la compañía, entonces sí, denúncialo ante su empresa a través de las redes sociales, ya que ahora las empresas intentan mantener una imagen de “empresa socialmente responsable”, y prefieren no ver su nombre inmiscuido en problemas. En caso contrario, será mejor que utilices esa foto o ese video para comprobar ante las autoridades policiacas la falta vial o violencia de ese automovilista, pero ten en cuenta que la policía y los tribunales no siempre lo considerarán como evidencia legal.

Pero por favor, hazlo con prudencia, porque debes tener en cuenta que, los ciclistas estamos en una posición mucho más vulnerable en cuanto a conflictos con un automovilista y ese vehículo con 2 toneladas de peso, con el que están intentando hacernos daño. Lo más práctico es mantenerse a salvo y no fomentar el incremento de la violencia.

No estoy diciendo que te comas tu enojo y huyas del lugar, pero sí creo que será bueno que tengas en mente que, tratar de cambiar la forma de pensar de un energúmeno que grita y patalea dentro de su automóvil por la simple razón de que cree que los ciclistas somos un estorbo, es tiempo perdido, porque simplemente no estás tratando con una persona racional.

Yo lo que te recomiendo es que en caso extremo, llames a las autoridades de tu localidad, también soy consciente que muchas veces ni las propias autoridades conocen tus derechos ante la ley, y que eso es frustrante.

Entonces, ¿cómo debemos reaccionar los ciclistas ante la agresión y la conducción peligrosa por parte de choferes de automotores? De entrada, mantener la calma es vital para que los conductores entiendan lo que han hecho mal o para que tengan que rendir cuentas ante las autoridades; las respiraciones profundas y una actitud segura y desenfadada, me parece que son la mejor táctica para comenzar a pacificar la situación.

Por lo tanto, para salir lo mejor librado que sea posible, quiero compartir tres sencillos consejos que creo que te servirán a la hora de enfrentar a un energúmeno al volante.

Foto: Ovidiu Dugulan

1. Apaciguando la ira de ese colérico conductor

Seamos sinceros, últimamente muchos automovilistas quieren ver a los ciclistas hacer algo mal para poder protestar de nosotros. Pero a menudo, los ciclistas no estamos haciendo nada malo, esto no quiere decir que no haya los que sí rompen las reglas, pero la verdad es que son los menos, digan lo que digan los automovilistas. Así mismo, no todos los automovilistas son energúmenos, muchos de ellos lo único que son: es ser ignorantes de las leyes de tránsito y desconocen tus derechos.

Sé que a muchos de nosotros los ciclistas, nos gusta enseñar nuestro conocimiento de las leyes de tránsito y sobre nuestros derechos en las calles a los automovilistas, pero también sé que, muchos automovilistas no lo quieren oír de los ciclistas.

Actúa con paciencia, y en medida de lo posible, hazle saber al conductor cuál es su falta, pero antes de comenzar con la cátedra vial, considera que nunca sabrás lo que está pasando por la cabeza de un automovilista enojón, o qué problemas viene arrastrando o, incluso si está armando.

Creo que un “buenos días, me has puesto en peligro con tu maniobra, y el artículo número tal, del Reglamento de Tránsito dice esto. Por favor ten más cuidado”, e irse del lugar, es suficiente para despojar de su enfado a ese conductor.

Es bien sabido que la buena educación y la amabilidad son ingredientes perfectos para apaciguar a un colérico automovilista.

Foto: bikecommuter.com.uk

2. Escabullete del conflicto

La mejor táctica para manejar un conflicto de tránsito es no participar en él.

Si ves que un automovilista está saliendo de su vehículo –posiblemente para encararte-, aléjate. Nunca he sabido de algún caso en que esta circunstancia beneficie al estar presente.

Utiliza la versatilidad de la bici a tu favor. Si bien nunca superarás a un auto por la velocidad en línea recta, las bicicletas son ágiles y maniobrables de manera en que los autos nunca podrán serlo. Usa tu tamaño y movilidad para tu ventaja: aceras, callejones, escaleras, incluso vestíbulos de edificios ofrecen formas de salir de la situación y mantenerte lejos del conductor enojado.

Ahora, ¿tú eres de sangre caliente? Muchos latinos nos describimos así: temperamentales e impetuosos. Ok, yo no voy a cambiar tu forma de ser. Pero si puedes –aun con tu sangre caliente- aminorar la respuesta violenta, y con ello, evitar que el conflicto crezca, porque incluso puede llegar a los golpes.

Está bien, no te vayas, pero entonces busca testigos, ya que su presencia puede ayudar a evitar que el conductor se vuelva más violento, y también son valiosos si se involucra a las autoridades. Porque si es solo tu palabra contra la del conductor, la policía probablemente no tomará medidas, pero incluso un solo testigo independiente a los hechos, será suficiente para que calme las cosas con el conductor y ayude con la policía.

Foto: The Telegraph

3. Defiéndete de la ira del conductor

Si el conductor es agresivo físicamente, haz todo lo posible por evitar esa violencia.

Resguárdate en algún lugar –tienda de conveniencia o local comercial- con gente a tu alrededor, llama a los números de emergencia de tu localidad y pide ayuda. En medida de lo posible, mantén la llamada activa durante el conflicto para que haya constancia de lo sucedido en lo que llega la autoridad.

Coloca tu bicicleta entre tu persona y el conductor, y nunca te pongas violento contra esa persona o su vehículo, incluso si te siente amenazado, porque legalmente eso te puede convertir en el agresor.

Si no hubiera testigos, considera que es lo mismo que cualquier altercado en un bar u otro lugar público: es tu historia contra la del otro. Haz lo que necesites para ponerte a salvo y poner distancia entre ese colérico automovilista y tú.

Si te lanzan golpes, pues ni modo, regresa golpes. Pero nunca, seas tú el que escale la violencia. Ya que si no comienzas tú con la violencia, tu mejor argumento será que: “sólo peleaste en defensa propia”. Aunque espero que nunca sea necesario que llegues a los golpes.

Posiblemente no podré enfatizar lo suficiente: cómo un ciclista se encuentra en clara desventaja ante un encolerizado conductor, pero tú si sabrás hasta dónde quieres llegar en la infructuosa escalada de la violencia.

Pedalear tu bicicleta enojado, no es bueno para nadie. Al enojarnos la adrenalina que corre por nuestras venas sólo nos hace más propensos a tener accidentes o enfrentamientos. Sí, lo sé perfectamente: es desafortunado que los ciclistas seamos tratados con falta de respeto en las calles, pero mantén la calma. Si alguien conduce imprudentemente, es improbable que una discusión incluso que llegue a los golpes cambie puntos de vista y malas costumbres arraigadas. Sé más inteligente y dale la espalda a los problemas.

Foto: Frankie & Myrrn / Aromatherapy made fun