Si te apasiona el ciclismo urbano, estoy segura que has padecido alguna de las quejas de tus conocidos: “los y las ciclistas son quienes provocan los accidentes”, “¡ciclista tenía que ser!”, “mira, mira, cómo se pasa sin fijarse”, “mmm, ni trae casco y se pasa la luz roja”… ¡Como si todos fuéramos iguales! Aunque seas la excepción de la regla, debemos reconocer que existen un buen número de personas equilibrando una bicicleta de manera muy silvestre poniendo en riesgo su vida, la de otras personas y la armonía vial. Tú, ¿cómo pedaleas? Aquí te comparto algunos tipos de ciclista que he identificado.

El o la valemadres

Ciclista mala onda

También se le conoce como “todasmías” ¡las calles!

Es aquel ente raro que se pone al frente del manubrio, y con todo el estilo, incluyendo entrecejo ceñido, se atreve a desafiar todo obstáculo de urbanidad. Baila con la bici entre los coches, antes que el peatón está su prisa, luego su prisa y después su prisa; es daltónico porque el semáforo siempre está en verde, no conoce un casco ni otro elemento de seguridad.

Usa los sentidos de las calles a su antojo y regularmente no está dentro de su radar realizar el servicio a su pobre bici. En pocas palabras: le vale madres, yo me los encuentro seguido en las calles a desnivel que cruzan la Avenida Tlalpan, claro, en contra del tránsito vehicular.

El o la “voy cerquita”

Ciclista por la banqueta

Se le conoce así a la persona que su sentido de responsabilidad es directamente proporcional a la distancia que recorrerá: “Voy cerquita, usaré las banquetas”, “Dos cuadritas en contra, ¿qué tanto es?, me voy por la orillita”, sí, el diminutivo es inherente -e irritante-. Les nombré así porque fue la respuesta que me dio un ciclista cuando me atropelló, yo iba caminando en la banqueta y de repente él dio vuelta a toda velocidad sin poder detenerse para darme espacio.

El o la “yo no fui”

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Es la irresponsabilidad disfrazada de despiste, son aquellos y aquellas que, aun sabiendo su responsabilidad como ciclistas, se hacen de la pedaleada gorda y se victimizan ante alguna contingencia, sacando provecho de la preferencia que existe para el y la ciclista en las reglas de movilidad. La culpa siempre la tiene el peatón, el motociclista o el automovilista y saben que no.

El ciclismo urbano te exige estar presente con todos tus sentidos, no es para el o la “yo no fui”, porque cualquier pequeño despiste puede costar tu propia vida.

La o el glamuroso

Ciclista glamuroso

En esta clasificación entran quienes prioritizan su imagen porque la selfie para el Instagram debe tener la mejor pose. Son quienes empiezan al revés, comprando todo lo necesario para verse bien, incluyendo outfit de las mejores marcas, generalmente no pedalean más de 2 kilómetros a una velocidad constante y prefieren no usar el casco porque arruinará su peinado.

Al glamuroso me lo encontré hace un par de días, en la ciclovía de la Avenida Nuevo León en la Condesa, su bici de ruta era hermosa y de último modelo (la envidié tanto), no portaba ningún elemento de seguridad, pero eso sí, su ropa combinaba perfectamente con el color de su bici y tenis, iba hablando por teléfono y se cruzó con luz roja, provocando que una bici casi se estampara con un coche. Así una de las consecuencias del glamur mal enfocado, muchachos y muchachas.

El o la mala onda

 

Ciclista en sentido contrario

¡Son los peores tipos!, digamos que es una combinación entre un “yo no fui” y el glamuroso con una dosis de prepotencia como bonito plus. ADVERTENCIA: ¡Aléjate de ellos o ellas, son capaces de llegar a los golpes!

Si aún sigues estas líneas y todavía no te has encontrado, me siento muy aliviada porque entonces entras en la clasificación de:

El o la ciclista… ¡lotería!

Ciclistas urbanos

Un ciclista es responsable de sí mismo, es quien asume su rol con las obligaciones que adquiere al montarse a su bici y usarla como vehículo principal. Cuida al peatón, respeta los espacios y derechos del motociclista y del automovilista. A través de su conducta, promueve prácticas sanas de convivencia social.

Convertirse en un ciclista urbano, es un placer indescriptible, significa pedalear con la cadencia del corazón, alineando mente y espíritu, entregando en acciones la mejor versión de su pedaleo en cada kilómetro que decide recorrer.

Si pedaleo chido, mejoro el mundo

Las pequeñas acciones suman a grandes transformaciones, hoy cada quien elige el medio de transporte que sea compatible con sus actividades, valores y percepciones sobre la sociedad en la que quiere vivir, no es necesario hacer bandos: automovilistas vs ciclistas, peatón vs motociclistas. Es simplemente responsabilizarnos de nuestras decisiones.

Cada medio de transporte tiene sus luces y sombras, no podemos generalizar, más bien apostemos por convivir armónicamente, todas y todos somos algunas veces peatón, ciclista, motociclista o automovilista. Todos y todas merecemos respeto. Los grandes cambios empiezan por uno mismo. ¡Sigamos pedaleando chido y mejoremos el mundo!