El día de hoy amanecí con un cólico menstrual y se me hizo tarde. Desayuné, me puse mi copa menstrual y pedaleé a toda velocidad para mis pendientes laborales y, en general, fue un día feliz y provechoso. Hace cinco años no hubiera sido así; hubiera cancelado o pospuesto todo lo posible y hubiera estado de malas todo el día, esperando que terminara. ¿Qué es lo que cambió? Que ahora tengo como práctica común el uso de la copa menstrual y las bicis. Linda coincidencia, que haya comenzado a vivir el mundo exterior e interior diferente cuando me decidí a verles.

Imagen: Maritriny Serrano

La copa menstrual es un mecanismo de recolección para uso durante la menstruación. Ésa es la parte técnica, porque la copa y la práctica de recolectar nuestra sangre nos abre un mundo de posibilidades. Así que la copa menstrual y las bicis, indudablemente, son herramientas de emancipación para todas las personas que menstruamos. Suena muy bien, pero ¿qué tiene que ver la copa menstrual con las bicis?, ¿por qué pedalear me hace más libre y usar la copa aumenta esa libertad? Hay aquí una aroma de autocontrol, de tomar las riendas de mi vida cotidiana, de crear mi futuro… ¿suena exagerado? Trini y Jéssica, nosotras -como tantas-, encontramos  algunos puntos en común:

1. Conocemos desde nosotras 

Imagen: Jéssica Coyotecatl

Cuando pedaleamos nuestros caminos, vemos la ciudad diferente. Vamos atentas a nuestro entorno: percibimos los olores que nos rodean, los cambios de estación en los árboles, los sonidos de las calles. Pero no solo eso, sabemos bien cuáles son los cruces peligrosos, los caminos más rápidos, los más difíciles, los más disfrutables para nosotras. De forma similar y paralela, como dice  Erika Irusta, recolectar nuestra sangre nos permite prestar “atención en nuestro útero, sus contracciones, en cómo se abre nuestro cérvix, cómo fluye nuestra sangre”. Así, poco a poco, estamos mapeando nuestra geografía: mapeamos nuestras rutas y decisiones, y mapeamos también nuestros cuerpos y preferencias. No cabe duda que conocemos desde nosotras mismas.

2. Identificamos elementos de control y daño

Imagen: Maritriny Serrano

Cuando andamos en bici (y el oxígeno nos entra al cerebro en mayores cantidades), reconocemos fácilmente los eslabones perdidos en el diseño de las ciudades y su falta de inclusión, percibimos también el ritmo laboral y las presiones familiares, todo esto empujándonos a utilizar un automóvil. Lo mismo pasa con la copa menstrual: nos abre los ojos y nos facilita observar que vivimos en una sociedad que nos orilla a no reconocernos, a no hablar de nuestros cuerpos, a desearlos diferentes, a estar en casa, a no salir solas, a fingir que no sangramos. En nuestra experiencia, andar en bici y usar la copa nos planta como somos, nos motiva a hablar de estos temas y nos hace, irremediablemente, alejarnos de las cosas que nos lastiman.

3. Nos encontramos con otras mujeres*

Imagen: Femibici / Majo Argüelles

Cuando nos movemos en bici cambiamos de ritmos, empapadas de la alegría que nos proporciona, nos dan ganas de compartirlo con cualquier persona que nos quiera escuchar, que quiera compartir ese sentimiento. Lo mismo pasa con la copa; al conocer más de nuestro cuerpo, reconocernos en nuestros ritmos, reconciliarnos con nuestra sangre, nos dan ganas de platicar estos descubrimientos con otras mujeres. Nos ayuda a crear rutas de vida, rutas de pedaleo, rutas de amistad. Por eso no es sorprendente que existan tantos colectivos que se han generado alrededor de la bici y de la copa para promoverlas, además de muchos cruces entre estos dos temas.

La copa menstrual vs. productos desechables

¿Todavía no te convencemos? Aquí te presentamos unas ventajas básicas de la copa menstrual sobre productos desechables (toallas y tampones):

Aunque el gasto inicial puede parecer fuerte ($400-$700 en México), es un ahorro, ya que la copa va a durarte entre cinco y diez AÑOS.
No genera ningún residuo con su uso. En ese periodo, toallas y tampones generan 170 kg de material que tarda mucho tiempo en degradarse.
La copa está hecha de un material que no genera hongos ni bacterias. El uso de toallas y tampones está relacionado con problemas de alergias, resequedad vaginal, candidiasis y el síndrome de shock tóxico (que puede ser mortal).

Existen algunas otras opciones, como las toallas de tela con diseños increíbles o ¿has oído hablar de las esponjas marinas?

Por todo lo anterior, decidimos iniciar la participación del equipo de Lentes Violetas en La Bicikleta hablando de la copa menstrual y las bicis. Aquí desglosamos algunas coincidencias, para volver a darnos cuenta que para apropiarnos de nuestro entorno y de la ciudad, es imprescindible apropiarnos de nosotras mismas primero y es necesario apropiarnos como seres libres, desde la realidad que vivimos.

Creemos que es una forma excelente de iniciar nuestras discusiones sobre cómo vivimos la ciudad desde la diversidad, desde nuestros cuerpos. Nos encantaría leer qué otros puntos en común ves tú, qué te motiva a pedalear y adueñarte del espacio. ¡Aquí te esperamos para hacer comunidad!

Trini y Jéssica

*Mujeres en diversidad (cisgénero, transgénero y personas que se identifican como mujeres)