En mi país (Bolivia), así como en otros de Latinoamérica, celebramos los Carnavales; este año fueron 4 días, del 25 al 28 de febrero, en los que la gente baila, viaja o simplemente descansa de su rutina. Para el mundo ciclista, es una excelente ocasión de hacer algo fuera de la rutina como hacer biciturismo hasta donde aguanten las piernas.

Este año, me uní a un grupo de ciclistas de otra ciudad (Santa Cruz) para hacer un recorrido a un sitio que para mí y muchos otros era desconocido. Sería una expedición en bicicletas de montaña por caminos de tierra que atraviesan montañas.

El destino se llama Moro Moro, un pequeño pueblo perdido entre montañas de la zona central del país, a 2800 msnm y a 43 km de Valle Grande (pueblo que fue famoso por la guerrilla del Che Guevara en la década del 60).

De Cochabamba a Moro Moro

Paisaje de montaña
El día 24 por la tarde puse mi bici en el buzón del bus que me llevaría a Valle Grande, un viaje de 360 km. Como siempre, mi bici va en bus enterita, sin cajas ni bolsas y menos desarmada. Llegué a Valle Grande a las 4 de la madrugada, monté mi bici y fui a casa de un amigo a cosechar fruta y desayunar. Alrededor de las 10 am, 3 amigos y yo iniciamos el viaje a Moro Moro en bici, allí nos reuniríamos con unos 20 ciclistas que viajaban desde Santa Cruz (unos 260 km).

Nuestro viaje consistió en solo 43 km para cruzar una serranía subiendo 800 m y luego bajando 470 m. El punto de cruce de dicha serranía es también el más alto de toda esa zona, es un mirador casi a nivel de las nubes desde donde uno queda embobado admirando los extensos valles, montañas, ríos, pueblos, etc. de una de las áreas más agrícolas del país. Admirar sin prisas todo el panorama que teníamos enfrente no tiene precio ni lo paga Master Card. Como estuvimos en plan turista, dedicamos mucho tiempo a tomar fotos para llevar muestras aproximadas de lo que allí vimos.

Llegamos al pueblo a las 4 pm casi junto a los ciclistas que llegaron de Santa Cruz en coche. Nos alojaron en el colegio, unos armaron sus carpas y otros su cama en algunas aulas, yo llevé solo bolsa de dormir.

Moro Moro en bicicleta

Panorámica de Moro Moro

Moro Moro está rodeado de cerros por lo que toda excursión implica ascender y descender cerros por caminos vecinales que sorprendentemente son muchos. Y eso es lo que hicimos los 2 días que estuvimos allí para llegar a las atracciones turísticas: cuevas con pinturas rupestres milenarias, formaciones de roca volcánica, cascadas de más de 200 m de altura y, sobre todo subir y bajar en bici por caminos con panoramas de verdor intenso que da el verano, todo en días con clima ideal.

Carnaval en Moro Moro

Jorge Cordero en lo más alto
El día 25 salimos a pedalear a las 9 am y retornamos a las 4 pm, fuimos directamente a almorzar pues en una hora debíamos estar en el corso carnavalero del pueblo, que ya tenía un ambiente festivo. Cada ciclista recibió una camiseta especial y su ración de serpentina, mixtura (papel picado), globos para agua y un pito a falta de pandereta.  Así pertrechados nos incorporamos al desfile de danzarines y recorrimos las calles para terminar en la plaza. Tuvimos buena acogida en la población, pues era la primera vez que allí carnavaleaban ciclistas.

Carnaval en Moro Moro

A las 9 am del día 26 salimos en busca de la cascada por rutas. El pedaleo fue bastante más exigente por las pendientes que tiene la ruta. Incluyó un pedaleo por niebla, visita a una antigua hacienda, caminatas y pedaleo nocturno con ayuda de la luz de vehículos de apoyo, el último llegó a las 8 pm. Fue un día agotador, pero no tanto como para cenar y de sobremesa tener una sesión de guitarreada y cantar por casi 2 horas a modo de despedida.

¿Saben cuál fue el costo total de estos 4 días de paseo? Pues el equivalente a 70 US$ y eso porque las tarifas de buses se incrementan en 50% en carnavales, por la ley de oferta y demanda… dicen.

Jorge y sus amigos en la montaña

Hoy, ya en casa, repasando mis fotos del paseo, solo puedo sentirme un tipo con suerte porque un buen día me animé a incorporarme al ciclismo. Una vez más pude constatar que solo así es posible disfrutar de la naturaleza, conocer lugares ni imaginados que no tienen fama ni propaganda pero que se quedan en la memoria.

Paisaje en Moro Moro

Desde luego que hay otras formas de turismo: en tren, coche, etc.  Pero solo paseando en bici uno puede sentirse Superman al final de un ascenso, parar las veces que quiera para tomar fotos, ver detalles, tomar agua fresca de un arroyo, escuchar historias de la gente del lugar y tantas otras cosas. Y en mi caso, con un plus: compartir con jóvenes de 20 a 40 años que me transmiten su confianza y optimismo que, a mis 73 años los tengo escasos.

Por eso y por mucho más, me quedo con el turismo en bici, es menos comercial y más humano.