¿Tú también te creíste que el auto era lo más cómodo y eficaz para la movilidad en la ciudad? Teniendo en cuenta las constantes fatalidades, la contaminación desenfrenada, las horas perdidas en embotellamientos, y los costos exorbitantes que representa su propiedad; el uso y la tenencia del automóvil particular en cualquier ciudad, no sólo resulta un poco caro, sino un tanto inútil.

Te compartimos cinco contundentes razones para que reflexiones sobre qué tan conveniente es este vehículo para tu movilidad en la ciudad y, te decidas de una vez por todas a utilizar la bici para tu transportación.

1. Conveniencia

No perderás tiempo en el tráfico ni buscando dónde estacionar el auto. No es por ser un aguafiestas, pero, para no ir más lejos, tu automóvil ya es una máquina del pasado que, conforme avanza el tiempo se vuelve cada día más cara y obsoleta. Aquella idea de conveniencia, eficacia y símbolo de estatus que nuestros abuelos aseguraban que traía consigo el automóvil. Simplemente ya no existe, se terminó con el aumento de los combustibles y el constante caos vehicular que diariamente viven las mayores urbes alrededor del mundo.

Y las cifras respecto al tráfico en la ciudad no son nada alentadoras, pues de acuerdo con datos del Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología (Conacyt) y el Consejo Económico y Social de la CDMX (CES-CDMX), tan sólo en la Zona Metropolitana del Valle de México hay registrados 7 millones 490 mil automóviles, de los cuales, poco más de 5.6 millones circulan diariamente, haciendo de la movilidad en la ciudad un tormento para los conductores.

Tormento que les cuesta a los automovilistas de la Ciudad de México, la del peor tráfico en el mundo según TomTom Trafic Index, 227 horas de sus vidas desperdiciadas en embotellamientos. Imagina lo qué podrías hacer con esas 227 horas; son 9 días y medio que bien podrías usar en ejercitarte, leer, ir de vacaciones, salir con amigos, hacer realidad esa conquista amorosa; no sé, pero cualquier cosa, es mejor que estar atorado en el tráfico sin ninguna salida posible, mientras respiras dióxido de carbono por 227 horas de tu vida cada año.

¿Y del estacionamiento qué me dices?

Pues que no andan nada lejos de cifras que te quitarán algo más que las esperanzas en el automóvil.

Es común que cualquier automovilista llegue a su cita quejándose de que dio vueltas por más de 15 minutos, mientras busca algún lugar para estacionarse. Cuando pagan el estacionamiento las quejas son mayores. Pues resulta que esto ya no es tan barato como solía ser.  Ya que según la Procuraduría Federal del Consumidor, las tarifas por hora, observadas durante una inspección a 84 estacionamientos públicos en la Ciudad de México, van desde la más baja con un costo de $6MXN en algunos centros comerciales, hasta las más altas de $80MXN en ciertos hoteles. Si tienes que estacionar por 8 horas, 5 días a la semana, pues ya no sólo te quitó la esperanza, sino también una buena tajada de tu quincena.

Y ni hablar del lugar de estacionamiento que el franelero aparta en el espacio público. Éste, además de caro (mínimo 35 pesitos diarios), está sujeto al humor del viene viene; que haya sobornado a la grúa; que él no se lleve tu auto por las caguamas o en el mejor de los casos que no lo use para fumarse su toquecito a media mañana.

2. Autonomía

 

Olvídate de la impuntualidad del transporte público y de los tumultos de gente. No nos pongamos quisquillosos y hagamos a un lado el tema de los malos olores, los asientos del microbús asquerosos y los empujones para subir o bajar de él. Sin embargo, todos tenemos claro que el transporte público en nuestras ciudades es ineficiente, en muchos casos caro, insuficiente y en el 99.9 por ciento de los casos, peligroso.

Lo anterior es debido al cafre que va sentado tras el volante mientras que va texteando; cobrando el pasaje; tirándole la lámina a los demás vehículos (incluyendo ciclistas); escuchando el Panda Show,  y, haciendo alarde de su multifuncionalidad, tiene tiempo para gritarte que “le pases por en medio y te recorras, porque atrás, aún hay lugar, y tú, estorbas”.

En el caso de la Ciudad de México, los usuarios dedican como mínimo 88 minutos por día al viajar; 30 por ciento tarda más de dos horas; mientras que espera 11 minutos en las diversas estaciones; y 14 por ciento espera más de 20 minutos para poder acceder a algún otro tipo de transporte público. Y es de esperarse, si tenemos en cuenta que por ejemplo el Metro de la Ciudad de México transporta 7.3  millones de usuarios diariamente, a través de 12 líneas por 195 estaciones y en trenes, donde algunos cuentan con más 50 años de antigüedad.

3. Salud física y mental

La bici te lleva a donde quiera que vayas, bajo tus propios términos y algo importante para tú cuerpo: tu esfuerzo es su combustible. Mira que este vehículo utiliza un montón de calorías para funcionar.

Igualmente, utilizar la bicicleta por 150 minutos a la semana, además de romper con el sedentarismo que nos ha impuesto la modernidad; aumentará tu energía; mejorará tus patrones de sueño; aumentará tu resistencia a la enfermedad; podrás controlar tu peso y,  tendrá un impacto significativamente positivo en tu salud mental y el estado de ánimo general de tu persona.

En cambio con el automóvil, decae tu estado de ánimo,más si es hora pico. También serás propenso al mal humor y al sobre peso debido a la falta de ejercicio y tu energía andará por los suelos. Muy diferente a los beneficios de la bici ¿verdad?

Y si hablamos de tu integridad física, la cosa empeora. Resulta que es más fácil involucrarse en un hecho mortal conduciendo un automóvil, que una bicicleta. ¿No me crees? Las cifras lo comprueban. En nuestro país los siniestros de tráfico en los que se involucra un automóvil superan las muertes por violencia y por mucho; costándonos a todos el 1.7 por ciento del Producto Interno Bruto (PIB), lo que se traduce en unos 15 mil millones de pesos que se pierden en este rubro cada año.

4. Economía

Una bici es más económica de comprar y mantener que un automóvil, además que ahorrarás en  combustible y estacionamiento.

Un estudio de la Cámara de Diputados, Dirección General de Servicios de Documentación, Información y Análisis (DGSDIA), afirma que cada persona en México destina el 3.4 por ciento de su ingreso a la compra de gasolina. Unos 5 mil 336 pesos al mes – en sueldos que sólo un pequeño porcentaje de la población tiene- , en comprar 358.94 litros de gasolina al año, que es lo que utiliza un conductor promedio en el país.

En cambio la bicicleta, no utiliza gasolina; no gastas en verificación, placas, ni licencia; mucho menos en seguros y si…  (esperemos que no suceda) se le ocurre a los ladrones robarte las llantas o alguna pieza del automóvil, olvídate, el costo se eleva en un gran porcentaje.

5. Comunidad

En bici no sólo descubres tu ciudad si no que tu sentido de comunidad se fortalecerá (y si no tenías, pues empezará a despertar en ti).

¿A poco no?  Cuando nos subimos al auto lo que hacemos es aislarnos: subes los vidrios, pones el aire acondicionado; escuchas tu música favorita y, “saben qué: no me molesten, no los conozco y, si los conozco, no me quiero acordar”. Excluimos todo lo que no tenga que ver exclusivamente con nosotros, todos nos parecen un estorbo que no nos permite circular.

Pues con la bici pasa todo lo contrario, la bicicleta es incluyente. La bicicleta nos une en la expresión de un bien común para la colectividad, y en muchos sentidos. Desde la búsqueda de la sustentabilidad, hasta el social, pasando por el político para mejorar nuestro entorno y las condiciones de vida de nuestras ciudades.

En síntesis, hacer comunidad es terminar con el individualismo exacerbado que, tantas consecuencias negativas ha acarreado a nuestras sociedades. Es ser un ciudadano activo que busca formar parte de un colectivo generador de condiciones que beneficien a las personas con las que cohabitamos este territorio al que llamamos “nuestra ciudad”. El uso de la bicicleta como medio de transporte nos acerca a ese objetivo en cada pedaleada.

Así que, aquella absurda idea de superioridad de la que ha gozado  el  automóvil en nuestra sociedad ha sido una constante por casi un siglo. Un poder sin igual para una máquina de una época pasada, en donde la industrialización del acero, y la preponderancia en el uso de combustibles fósiles, eran cosa común. Hoy se enfrenta a una nueva era dominada por silicio, el software y la digitalización; una era en donde la transformación en el paradigma de movilidad es una necesidad y no una opción, y que tú, junto a tu bici, pueden ser impulsores de ese tan necesario cambio.