Como dicen los conocedores: “ciclista que no se ha caído, se va a caer”. Andar en bici y sufrir alguna caída en algún momento de tu vida, es casi inevitable. Lo que sí es evitable, es la gravedad de las consecuencias, ¿y cómo puedes aminorar lo espinoso de la caída? Pues, practicado una conducción responsable.

Esto es: respetar las normas de tránsito; pedalear a una velocidad moderada –entre 17 y 25 km/h-;  no realizar maniobras abruptas y mucho menos temerarias, e intentando estar alerta durante todo tu recorrido: porque nunca se sabe cuándo una imperfección en el pavimento; mancha de aceite; un bache; hoyo; coladera; perro, o peatón distraído, se interpondrá en nuestro camino y nos harán caer.

Dicho lo anterior y antes de continuar, quiero decirte que uno de los primeros errores que comentemos durante nuestro costalazo (caída), es aferrarnos al manubrio de la bici y, muchas veces la bici nos hace más daño que la propia caída.

Si te sueltas de ella en el momento en que caes, lo más seguro es que tu cuerpo – a menos que sí, estés muy fuera de forma- se proteja a sí mismo, es decir, el cuerpo tiene memoria y recordará meter las manos y/o hacerse bolita de manera instintiva, lo que seguramente evitará que te claves de cabeza en el suelo como si se tratase de una caída libre, y por si fuera poco, además te caiga tu bici encima.

Aclarado lo anterior, ahora sí, te quiero compartir algunos consejos para que una vez sucedido el infortunio compruebes que tú y, tu amada bicicleta están bien.

Cuando ocurre lo inevitable, en primer lugar hay que comprobar y asegurarse que no tienes alguna lesión que implique fracturas de huesos o profuso sangrado en cualquier parte de tu cuerpo.

Si todos tus miembros están unidos e intactos, y tú no estás viendo tres bicicletas donde sólo hay una; no perdiste la conciencia, ni siquiera por unos segundos y en lo general te encuentras bien, aunque algo adolorido y apenado por el clavado que te acabas de aventar, entonces estás listo para empezar a evaluar los posibles daños.

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Tómalo con calma

Lo mejor que puedes hacer por ti mismo después de una caída accidental, es tomar tu tiempo para levantarte y moverte.

Una vez que desafortunadamente has caído, no es necesario saltar a la bicicleta lo más rápido posible y regresar a pedalear cuanto antes. Tómalo con calma y comienza a evaluar el posible daño: camina un poco para comprobar que todo sigue en su lugar –huesos, articulaciones, etcétera-.

Aunque en el primer reconocimiento, creas estar bien, ten en cuenta que cuando se está pedaleando por algunos kilómetros, las endorfinas se ponen a trabajar, y además al caer la adrenalina se disparará, por lo que será casi seguro que digas: “aquí no pasó nada y vámonos”. Pero procura que no sea así, toma el tiempo necesario para que todos tus niveles se asienten y puedas comprobar realmente como te estás sintiendo.

¿Si puede mover los brazos en todas direcciones? ¿Puedes voltear la cabeza y mirar hacia arriba, abajo, izquierda y derecha sin ningún tipo de dolor? Significa que has logrado librarla –por esta ocasión-, toma tu bici y hazte a un lado del camino para poder constatar que la mecánica de la bicicleta funciona correctamente.

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Primeros auxilios (lo básico)

Si has sangrado o te sientes seriamente lesionado, no te arriesgues a moverte demasiado, en su lugar, pide ayuda a los transeúntes y busca atención médica por teléfono, e incluso, si es necesario, grita por ayuda.

1. Asegurate de que no tienes una contusión

Si no te soltaste de la bici; tus brazos no soportaron tu peso y desafortunadamente te has golpeado la cabeza, primero comprueba que no estás desorientado; si traes casco, comprueba que no tenga fisuras, ni pliegues en el poliestireno, pero si llegara a presentar fisuras, lo más recomendable es que te vea un médico inmediatamente y que cambies tu casco por uno nuevo  antes de volver a usar la bicicleta  –también, si puedes recordar este texto lo más seguro es que estés bien-.

Ahora, en el caso de que tengas una conmoción cerebral, ésta, puede afectar momentáneamente la forma en cómo tu cerebro funciona. Puede llevar a dolores de cabeza, cambios en la lucidez mental o pérdida del conocimiento y será probable que te sientas desorientado y confundido; si no sabes dónde te encuentras; tienes problemas con el equilibrio, o escuchas un zumbido en los odios, lo más probable es que tengas una lesión y por pequeña que sea o creas que el golpe no fue lo suficientemente fuerte, es necesario que te vea un doctor sin perder tiempo.

2. Descartando una lesión en el cuello

Revisa tu cuello con cuidado que los esguinces de cervicales aunque por lo general no son graves, en algunos casos pueden ocasionar fuerte dolor y mayores complicaciones si no lo tratas a tiempo. Que te vea un doctor, pero entre los síntomas generalmente se encuentran dificultades y dolor al mover o girar la cabeza o el cuello.

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Revisando la bicicleta

Si tu cuerpo está bien, simplemente magullado, ligeramente golpeado y tu orgullo algo vapuleado, ahora puedes pasar a la evaluación de tu bicicleta.

3. Inspecciona las ruedas

Por lo general, las ruedas llevan la peor parte del accidente, e incurren en los problemas más fáciles de diagnosticar. Independientemente de cómo te estrellaste, comprueba que las llantas tienen aire, que no haya rayos rotos o doblados, que los aros no están chuecos y que los frenos caliper, disco, etc, no están atascados.

4. Corrobora que los componentes funcionan adecuadamente

Siempre comprueba que la posición de las palancas de freno y palancas de cambios sea la correcta después de un accidente.

Si sufrieron averías, generalmente es fácil acomodarlas de nuevo en su lugar sin herramienta, pero si es necesario hacer ajustes más minuciosos, será mejor que camines con la bici hasta un taller.

A continuación examina la cadena de transmisión, constata que no esté atascada, que no haya eslabones rotos, y que todavía está en una sola pieza. Por último, haz una comprobación rápida en tu asiento para asegurarte de que todavía está derecho y sujeto firmemente al tubo de asiento (tija de asiento).

5. Descartando daños en el cuadro

Inspecciona cuidadosamente en busca de rayones, fisuras (grietas), abolladuras, e incluso desoldadas. Lo anterior se vuelve más importante en un cuadro de fibra de carbono, ya que una grieta puede convertirse rápidamente en un problema grave mientras se pedalea de nuevo en el camino, mientras que las magulladuras y grietas en los cuadros de aluminio o de acero tienden a ser más resistentes.

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Estar preparado

Como ya ha comentó, las caídas se producen y es difícil predecir cuándo, por eso será bueno que cuando salgas a pedalear alguien sepa que vas en bici y de preferencia a dónde, lleva contigo identificación y el número de una persona a la cual avisar en caso de accidente.

Lo que yo hago, es que en mi celular – es muy difícil que salga sin él, pero sí, sin la cartera e identificaciones- en el directorio, he abierto un contacto con el nombre de “accidente”, así aparece al principio de los contactos y en él he puesto el número de la persona que quiero que avisen que me he accidentado.

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Ya como último consejo, no sería mala idea que tengas un buen seguro de gastos médicos que te cubra el accidente, contrata una suma asegurada de al menos unos 300 mil pesos, esto sería unos 3  mil  doscientos pesos al año de prima que tendrías que pagar, pero esa suma si alcanza para una clavícula rota y su operación. Olvídate de esos seguros que ofrecen por 500 pesos que no cubrirán más que una consulta y par de aspirinas.

Ahora, si eres de los que les gusta echar la mano a los demás, no estaría por demás que tomarás un curso de primeros auxilios para poder ayudar a otro ciclista que lo necesite. Si vives en la Ciudad de México, te comparto una lista de instituciones en donde puedes tomar un curso de este tipo; los hay especializados para ciclistas y algunos son gratuitos, algunos otros con costo, pero todos están certificados y son ofrecidos por expertos y personal de la Cruz Roja Mexicana.

Pedalea con precaución y disfruta del viaje.